Balenciaga: El Choque Brutal Entre el Caos y la Poes铆a.

 


Demna no s贸lo dirigi贸 Balenciaga por una d茅cada, Demna cre贸 toda una 茅poca de relevancia vanguardista en la legendaria marca de Crist贸bal Balenciaga. 


Aunque mantuvo v铆nculos con el legado de Crist贸bal, Gvasalia supo imprimir su huella personal que transform贸 la casa en algo distinto: una marca provocadora, 煤nica, que sumaba al patrimonio de Crist贸bal toda la energ铆a disruptiva que 茅l mismo hab铆a construido con Vetements. Bajo su direcci贸n, Balenciaga brill贸 de una manera que pocas marcas de lujo han logrado y se instal贸 en la mente de todos, dentro y fuera de la industria.


Balenciaga se convirti贸 en la vanguardia del hiperrealismo sociol贸gico. La visi贸n de Gvasalia convirti贸 detalles mundanos u ordinarios en alta moda: era llevar la ropa real de las calles directamente a la pasarela, elevar el streetwear al haute couture con precisi贸n. Balenciaga era el lujo que se burlaba del lujo, el lujo disfrazado de antilujo. Prendas que parec铆an usadas, tomadas del armario de un desconocido, la alta costura deconstruida a trav茅s de piezas que parec铆an salidas de ventas de garaje o de tiendas de segunda mano de Europa del Este. El fe铆smo llevado a su m谩xima expresi贸n y convertido en objeto de deseo y de demolici贸n cultural. 


Gvasalia imprimi贸 en Balenciaga su cr铆tica al consumismo y a la industria de la moda, no muy sutil. Su visi贸n art铆stica era pura subversi贸n. No buscaba agradar. Buscaba incomodar, hacer pensar y, s铆, de volverse viral con la controversia como principal combustible. Y funcion贸. Con Gvasalia, Balenciaga tuvo 茅xito masivo, algo que no cualquier experimento radical puede garantizar.


Luego de que Demna anunciara su salida de Balenciaga para pasar a Gucci, la llegada de Pierpaolo Piccioli en 2025, proveniente de Valentino, se convirti贸 en una aut茅ntica bomba en el mundo de la alta costura. Piccioli tuvo tambi茅n su 茅poca gloriosa en aquella casa, aunque su ADN no podr铆a estar m谩s lejos del de Gvasalia. Desde el principio, Piccioli fue declarado el 煤ltimo gran rom谩ntico de la alta costura, y no es un t铆tulo exagerado.


Su visi贸n es profundamente po茅tica y humanista. Su obsesi贸n es la belleza, pero no como decoraci贸n sino como idioma. Para Piccioli, la belleza de sus dise帽os es el medio a trav茅s del cual transmite emociones y valores. Es su forma de expresar humanidad y vulnerabilidad, y eso es exactamente lo que ha hecho 煤nico su estilo a lo largo de los a帽os. Piccioli tambi茅n demostr贸 ser un enamorado del color. Bajo su direcci贸n en Valentino, el Valentino Red y el PP Pink se volvieron ic贸nicos, no para decorar, sino para transmitir. Sus grandes inspiraciones durante esa etapa vinieron de la escultura, la literatura y la pintura.


El contraste entre el estilo corrosivo de Gvasalia y el estilo po茅tico de Piccioli es brutal y no requiere mucho an谩lisis. Mientras Gvasalia buscaba crear conversaci贸n y pol茅mica, Piccioli busca hacer poes铆a y renovar la tradici贸n de Crist贸bal desde un lugar completamente distinto. Lo veo en una misi贸n que se antoja casi imposible despu茅s del enorme vac铆o que ha dejado Demna. Pero si Pierpaolo lo logra, estar铆amos ante una renovaci贸n total de la marca y la reconquista de aquellos seguidores previos a la era Gvasalia que a帽oran la visi贸n art铆stica y arquitect贸nica de la vieja Balenciaga.


La visi贸n de Piccioli es m谩s amable y accesible que la de Demna, lo cual ya es un shock para quienes crecieron con la est茅tica disruptiva de los 煤ltimos diez a帽os. Pero al mismo tiempo, es inevitable reconocer que la esencia radical que impuls贸 a Balenciaga durante una d茅cada se fue con Demna. La cr铆tica cultural no forma parte de la propuesta de Piccioli. La pregunta que queda flotando es directa y sin respuesta f谩cil: ¿podr谩 el humanismo po茅tico de Piccioli llevar a Balenciaga a la estratosfera como lo hizo Demna? Demna, ahora en Gucci, ha optado por personajes (La Famiglia). Piccioli va en sentido contrario, ha optado por individuos (Winona Ryder, Harry Dickinson, Hudson Williams y Labrinth).


Balenciaga ha dicho adi贸s a su etapa radical. Ha llegado una visi贸n m谩s rom谩ntica y sofisticada. Pero, ¿realmente quiere Balenciaga entrar en una etapa de madurez? ¿Llegar谩n nuevos entusiastas de forma masiva a la Balenciaga de Piccioli, o desertar谩n quienes fueron fieles a los experimentos disruptivos de Gvasalia? La cuesti贸n de fondo es si Balenciaga entra de lleno a su etapa po茅tica y si est谩 dispuesta a dejar de ser la marca peligrosa que fue por diez a帽os.



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