Cathedral: El Día en que el Mundo Entero se Detuvo

 


En 1991, escuchar el sonido de aquella flauta era aterrador. Sabías que algo muy malo estaba por suceder. Y entonces entraban las guitarras, avanzando a una velocidad asombrosamente lenta, como si el tiempo mismo se resistiera a seguir adelante. Eran los Cathedral. La nueva banda del ex vocalista de Napalm Death. Lee Dorrian.


Dios bendiga a Dorrian por virar de forma tan brutal con este Forest of Equilibrium, un disco abismalmente diferente a todo lo que había hecho antes. Nos sorprendió a todos. Apuesto a que muchos se sintieron decepcionados en los primeros minutos. Para mí fue algo espectacular: Dorrian sonaba aún más inhumano que antes, como criatura a la que le habían evacuado todo resto de humanidad.


Cathedral era brutal e impenetrable, como Napalm Death, pero brillantemente original. Haciendo el doom metal más extremo que pudiera imaginar a principios de los noventa. Era el gran momento del grunge y del nu metal, y aunque Dorrian había construido su nombre años antes en el mundo del grindcore, ahora estaba creando su propio universo, tomando riesgos como un maestro. 


Con Cathedral, Dorrian abandonó por completo la velocidad extrema que lo había agotado. Quería algo aún más pesado que Napalm Death. La pregunta obvia era cómo. La respuesta estaba en sus influencias: Saint Vitus, especialmente el Born Too Late. Los Melvins. Y claro, Black Sabbath, sobre todo el Master of Reality. Crass, Discharge y los Swans habían quedado atrás. Dorrian quería algo expansivo y doloroso a la vez.


Cathedral no buscaba un ritmo. Buscaba desintegrarse y caer como plomo, nota tras nota. Algo me llama profundamente la atención: uno de los últimos temas que Lee grabó con Napalm Death se llamaba Rise Above, igual que una canción de Black Flag. Y ahora, igual que Black Flag en el clásico My War, Dorrian buscaba evolucionar reduciendo al máximo la velocidad. La conexión no parece casual. 


Densidad, pesadez y tensión. Tres palabras que definen este disco con una precisión quirúrgica. Las guitarras son sucias y densas. El bajo se arrastra y cae como pesada losa de concreto. La batería parece usar una fuerza descomunal para que el tiempo no avance, para que cada segundo pese el doble. Y luego está el trabajo vocal de Dorrian, completamente distinto al de su etapa anterior. Aquí no gruñe escupiendo miles de palabras a toda velocidad. Aquí arrastra cada sílaba lentamente, logrando un efecto casi surrealista. Horror cósmico puro, inspirado en H.P. Lovecraft.


Mientras Napalm Death se volvía popular, Dorrian regresaba al underground. Con Cathedral volvió a alejarse de las tendencias de forma aún más radical. Aunque no por mucho tiempo. El impacto de lo que estaban haciendo no tardó en notarse, convirtiéndolos en un nuevo referente dentro del doom metal y atrayendo la atención de bandas de música gótica, sludge metal y stoner rock. Las canciones de Napalm Death duraban apenas unos segundos. Las de Cathedral parecían seguir y seguir eternamente, como si no quisieran terminar. Nada sonaba como esta banda en 1991.


Lo que al principio parecía una locura y un suicidio profesional, Dorrian y Cathedral lo convirtieron en un triunfo artístico y en un parteaguas en la música extrema de los noventa. 

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