Melvins & Napalm Death: La Marcha Imperial de Dos Leyendas
Dos ruidosas leyendas se cruzan en el mismo estudio después de décadas admirándose de lejos. Ambas bandas empezaron en 1987. Se han conocido y admirado mutuamente por décadas. Han hecho giras juntas. Pero grabar juntos de verdad. ¿Pueden convivir el sludge pesado y retorcido con el grindcore brutal y sin piedad? Suena casi imposible.
Aunque las estrafalarias cabelleras de Buzz Osborne y de Shane Embury deben verse geniales una al lado de la otra, cómo pasó en Venomous Concept. Y seguramente el amor por grupos como Black Sabbath y Black Flag debe ser algo compartido por ambos grupos. Savage Imperial Death March es la historia de Melvins y Napalm Death metidos en el estudio. Bienvenidos amantes del ruido.
Del lado de los Melvins están Buzz Osborne y Dale Crover. Del otro vienen Barney Greenway, Shane Embury y John Cooke. Lo mejor de todo es que suenan a algo nuevo sin dejar fuera elementos de sus propias bandas. Todas las piezas encajan a la perfección. Está la furia de Napalm Death y la locura de los Melvins.
La magia surgió de forma casi esporádica cuando todos estos músicos se metieron juntos al estudio. La máquina de riffs que es Buzz Osborne comenzó a avanzar y Greenway de inmediato se sumó con sus gruñidos bestiales.
Tossing Coins Into the Foundation of Fuck tiene mucho de los Napalm Death aunque con la dinámica rítmica de los Melvins gracias a Dale Crover. Para Some Kind of Antichrist es claro que los Melvins toman el control con un ritmo machacante y Osborne dominando las vocales.
Nine Days of Rain exhibe la hibridación de ambas bandas. La parte lenta y grind de Napalm Death y la parte sludge de los Melvins. Me atrevería a decir que las bandas se acercan aquí a algo parecido al sonido de los Swans.
Rip the God suena a algo que pudiera tener su origen en el My War de Black Flag. Ese disco en el que Henry Rollins y Greg Ginn se empezaron a obsesionar con Black Sabbath, Saint Vitus y Flipper, y en el que se ganaron el odio de los punks que los seguían al inicio, aunque los chicos de Seattle los amaron.
Ambas bandas aceleran en Stealing Horses y Barney Greenway se suelta un poco más. Riffs de primera, bajos que rugen feroces y el sentido rítmico siempre peculiar de Crover. Death Hour bien podría ser algo salido del clásico Houdini con desviaciones hacia el Scum.
Los Melvins suenan mucho más habituados a este tipo de colaboraciones. Osborne y Crover juntos son capaces de dominar cualquier situación. Mientras que Greenway y Embury parecen contenerse un poco y dejar el ruido puro para otras colaboraciones como Venomous Concept. En Savage Imperial Death March quien domina es la locura de los Melvins y su extraña forma de crear música. El disco no funcionaría cómo un disco de Napalm Death, pero es claro que es un disco de los Melvins con sorpresas añadidas.



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