Tormento: No es un Tormento, Es un Mal Momento

 


¿Qu茅 se necesita para hacer la gran pel铆cula de terror mexicana? No hablo de esa pel铆cula repleta de sustos f谩ciles y efectos especiales que se roben el protagonismo. Eso ya lo hemos visto demasiadas veces y casi siempre deja la misma sensaci贸n vac铆a. El terror que importa hoy va por otro camino. Exige dramas brutales, historias que incomoden y se queden viviendo en la cabeza del espectador. Algo que en su momento entendi贸 perfectamente Carlos Enrique Taboada, cuando convirti贸 lo cotidiano en algo profundamente perturbador.


Pel铆culas como Longlegs, Weapons y Bring Her Back dejan algo claro. El motor del terror no son los trucos visuales. Es la inteligencia detr谩s del guion y la fuerza de las actuaciones. Cuando eso funciona, no necesitas exagerar nada m谩s. En Latinoam茅rica hay ejemplos contundentes. Demian Rugna ha demostrado el dominio del g茅nero con pel铆culas como Aterrados y Cuando Acecha la Maldad, donde el horror nace de lo invisible, de lo que no se explica del todo.


En ese contexto, Tormento se siente como una oportunidad que se queda a medio camino. Olallo Rubio logra algo innegable. La ambientaci贸n funciona. El sonido envuelve. La iluminaci贸n construye una atm贸sfera que por momentos realmente inquieta. M茅xico tiene escenarios nocturnos que parecen hechos para el terror, espacios cargados de historia, de silencio, de angustia, de algo que no termina de nombrarse. Hay materia prima poderosa.


El problema aparece cuando la historia avanza. Se vuelve predecible. La narrativa no arriesga. Se siente contenida, como si nunca se atreviera a cruzar esa l铆nea donde el terror deja de ser c贸modo. La trama cae en lo simple y pierde fuerza cuando deber铆a apretar m谩s.


Natalia Soli谩n irrumpe con una actuaci贸n que no se guarda nada. Empuja la pel铆cula hacia otro lugar. Su entrega es total, visceral. Su presencia sostiene escenas completas. Su interpretaci贸n tiene una intensidad que recuerda por instantes al expresionismo de El Gabinete del Doctor Caligari. 


La iluminaci贸n, el ambiente y esa energ铆a desbordada de Soli谩n construyen algo que por momentos se acerca a lo memorable. Pero no alcanza. La historia no tiene el peso necesario. Le falta profundidad, le falta riesgo, le falta decisi贸n. Todo se queda en un ejercicio que se percibe incompleto, casi amateur, como si el terror estuviera ah铆, listo para desatarse, pero alguien decidiera detenerlo justo antes del golpe final.

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