Claudia Sheinbaum: Salvar o Hundir a México Nunca Fue Tan Complejo

 


No sorprende que Washington quiera al llamado "superpolicía" Omar García Harfuch en el poder. Harfuch cumple con el perfil que Washington exige al frente de cada país en América Latina: un hombre de mano dura, predecible y funcional a sus intereses. Otro Felipe Calderón. Otro Nayib Bukele. Otro Vladimir Padrino.


La decisión de Washington de dar su visto bueno a García Harfuch como sucesor de la presidenta Claudia Sheinbaum generó una molestia profunda entre figuras como Eduardo Verástegui, uno de los lobistas de la ultraderecha latina que soñaban con el apoyo de Trump para convertirse en virreyes de México. Eso no va a pasar. Verástegui fue solo otro idiota útil.


A pesar de que la popularidad de Harfuch crece semana a semana en las encuestas nacionales, Washington decidió ponerle una prueba de fuego. La muerte de agentes encubiertos de la CIA operando en Chihuahua aceleró los tiempos y reenfocó las acciones. La paciencia se agotó. La Fiscalía de Nueva York formalizó su acusación contra el gobierno del estado de Sinaloa y contra varios funcionarios mexicanos por colusión con el narcotráfico. La acusación de narcogobierno ya no es una amenaza velada. Es una acusación concreta, documentada, con nombre y apellido.


El escándalo sacudió al interior de Morena como nunca antes y el eco llegó hasta los rincones más lejanos del planeta. La presión de Washington se intensifica con herramientas muy concretas: el T-MEC, que pende de un hilo, y la amenaza permanente de los aranceles, que pueden asfixiar a la frágil economía mexicana en cuestión de semanas.


Hoy el gobierno mexicano enfrenta una encrucijada que ellos mismos construyeron entregar al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el principal acusado de asociación con el narcotráfico por parte de Estados Unidos, o protegerlo y firmar con esa decisión la fecha de caducidad de Morena en el poder. No hay tercer camino. No hay margen para más maniobras.


Trump necesita una victoria. No la tuvo en Irán. No la encontró donde esperaba. La necesita ahora, porque su popularidad y su capital político van en caída libre. México se convirtió en el escenario donde esa victoria es posible. Los gobiernos de Irán, Cuba y México probablemente quieren su cabeza en este momento, pero eso no cambia la correlación de fuerzas. ¿Por eso México apoya incondicionalmente al gobierno cubano? ¿Espera que ellos hagan el trabajo sucio?


Lo que muy pocos dicen en voz alta es esto: el gobierno de Trump tiene en sus manos la llave para destruir al gobierno de Claudia Sheinbaum, no a Morena. A Morena la necesitan para controlar al país como lo hacía el PRI, pero con Harfuch al frente, si pasa la prueba. El modelo ya se aplicó en Venezuela. Washington no iba tras el chavismo, iba tras Maduro, que se negaba a cooperar. Cuando Maduro cayó, dejaron a los chavistas en el poder, quienes juraron lealtad a Estados Unidos. Para el pueblo venezolano no cambió absolutamente nada.


En México la lógica es la misma. Quieren fuera a todo aquel que le jure lealtad al narco antes que a Washington. Y eso terminará destruyendo al gobierno actual desde adentro.


Morena, como todos esos partidos que se llaman a sí mismos revolucionarios en México, es estridente en los micrófonos y sumisa en los hechos. Siempre fue así. Morena seguirá en el poder, pero únicamente con alguien que tenga el visto bueno de Washington. Esa es la oportunidad real de Harfuch.


Morena llegó al poder en muy poco tiempo. Estableció todo tipo de alianzas para ganar elecciones y eso ahora los está destruyendo. Siembra vientos y cosecharás tempestades. Este es el momento en que Claudia Sheinbaum tiene que decidir si se deshace de la basura o arrastra al país entero hacia la ruina.




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