3 Extraordinarios Discos Nuevos a Escuchar.
Me viene a la mente la anécdota del director español de cine Pedro Almodóvar durante el rodaje de su primera película en 1980, en plena efervescencia de la Movida Madrileña. La cinta se llamaba Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y, superada la mitad del rodaje, el director se quedó sin presupuesto. Pero Almodóvar, influenciado por la filosofía del cineasta francés de la "nueva ola", Jean Luc Godard y su célebre "todo vale para contar una historia", tomó una decisión radical. Decidió simplemente pararse frente a la cámara y contar el final el mismo. Fue una herramienta narrativa tan creativa, innovadora y profundamente rupturista que se convirtió en la solución perfecta para terminar su película, aunque al final, la pudo terminar.
Esa misma chispa de ingenio ante la adversidad resurgió con la reciente idea de John Carpenter, el legendario cineasta de terror detrás de obras maestras como Halloween y Escape de Nueva York. Carpenter, que también ha dirigido joyas como The Thing, tuvo una idea fascinante para una película que llamaría Cathedral, cómo la banda inglesa de doom metal del ex Napalm Death, Lee Dorrian. La trama transcurría en una iglesia abandonada con un elevador que descendía directamente al mismísimo infierno. Pero al hacer números, Carpenter se dio cuenta de que el proyecto era inviable, el costo se disparaba y nadie querría invertir en la película. Sin embargo, recordando la anécdota de Almodóvar, no se rindió. Decidió no hacer la película, pero compartió la historia con su esposa, Sandy King, una talentosa directora y productora que dirige una editorial de cómics. Le encargó que convirtiera su idea en una novela gráfica, y así, sin el lastre financiero de un largometraje, la historia de Cathedral cobró vida en papel.
Pero Carpenter no se detuvo ahí. Apasionado por las bandas sonoras minimalistas que compone para sus películas, decidió crear una para la novela gráfica. La grabación se convirtió en un proyecto familiar. Se hizo acompañar de su hijo, Cody Carpenter, un multiinstrumentista obsesionado con los teclados y capaz de crear atmósferas alucinantes. También llamó a su ahijado, el guitarrista Daniel Davies, hijo de Dave Davies, el legendario guitarrista de la banda The Kinks. Dave, recordemos, es uno de los auténticos inventores del riff de heavy metal, basta con escuchar You Really Got Me, un tema que el cover de los Van Halen convirtió en todo un himno. Con su hijo y su ahijado, Carpenter forjó un disco titulado "Cathedral", una obra que vibra con la influencia de Mike Oldfield y su Tubular Bells, así como de los Goblin, los artífices de las bandas sonoras de las películas de Dario Argento. Es una fusión magistral del cine de terror clásico con la potencia de la feroz guitarra de Daniel Davies, y todo apunta a que Cathedral podría ser considerado el primer disco de heavy metal de John Carpenter.
Hablando de discos familiares, acaba de aparecer Mystic Liverpool, el nuevo trabajo de Jah Wobble, el legendario bajista inglés. De joven, Wobble formaba parte de un círculo de amigos conocido como "los cuatro Johns", junto a John Lydon (que luego sería Johnny Rotten de los Sex Pistols), John Wardle (que se convertiría en el propio Jah Wobble), y John Simon Ritchie (que sería Sid Vicious, el segundo bajista de los Sex Pistols), el otro "John", John Grey, no se dedicó a la música. Mientras Sid apenas podía tocar el bajo, pero "farmeaba aura" como nadie, Wobble desarrolló una sensibilidad artística única. Su obsesión por el reggae y el dub, lo llevaron a convertirse en uno de los músicos icónicos del post punk inglés junto a Lydon en los Public Image Ltd. Colaboró con Brian Eno, Massive Attack, Sinead O'Connor y hasta con músicos de Can, una de mis bandas favoritas. Su discografía solista explora el dub, la música ambiente, la electrónica y el world music.
Wobble confiesa sorprendentemente que su canción favorita, la que le cambió la vida y le abrió las puertas a la música que ama, es Strawberry Fields Forever de The Beatles, un tema que, según cuenta la leyenda, quebró mentalmente a Brian Wilson a mediados de los sesenta, cuando intentaba superar a los Beatles y, al escucharla en su coche, sintió que ya no podía ganarles la batalla. Ahora, en este nuevo disco, Wobble se rodea de su familia: su esposa, directora de la orquesta china en Londres, y sus dos hijos, John y Charlie, que tocan la batería y el violín. Juntos interpretan versiones de Strawberry Fields Forever, Norwegian Wood y Tomorrow Never Knows. Es otro disco familiar, un homenaje íntimo y experimental a la época psicodélica y más experimental de los Beatles, que me recuerda a colaboraciones como las de Yoko Ono, Sean Lennon o Les Claypool de Primus. Wobble, con sus hijos, logra un disco alucinante y conmovedor.
Y si hablamos de experimentación inglesa, no puedo dejar de mencionar a Shane Embury, el bajista de Napalm Death y su primer disco solista. Esperaba un disco de grindcore de su parte, pero Embury se ha sacado de la manga Bridge to Resolution, un trabajo de música electrónica que me ha dejado boquiabierto. Nada que ver con la música que le conocemos, más bien, se acerca al sonido synth pop de los ochenta, con influencias del post punk de Killing Joke, y un ambiente etéreo y experimental que recuerda a bandas noruegas que transitaron del black metal al synth pop cómo los Ulver. Es un disco fascinante, aunque a veces se vuelve un poco monótono, pero es un riesgo que aplaudo. Que un músico que debe rondar los sesenta años, con una carrera tan feroz como la de Napalm Death, decida lanzarse a explorar la música electrónica que le apasionaba de joven, demuestra una valentía y autenticidad que inspira.
Por eso digo: bien por Shane Embury y su Bridge to Resolution. Bien por John Carpenter y su primer disco de heavy metal. Bien por Jah Wobble y su muy buen homenaje a los Beatles. Todos ellos, desde la necesidad o el mero deseo creativo, han sabido reinventarse, jugársela, y recordarnos que el riesgo es el único camino para sorprender y para conectar con nosotros de una manera más profunda.


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