La "Verdad" de Jeff Beck




Lo echaron de los Yardbirds. Le dijeron que era imposible de soportar. Demasiado temperamento. Demasiada furia contenida. 


Afuera lo esperaba algo que pocos músicos logran tocar en toda una vida. La prensa ya lo llamaba el genio pop que iba a devorar el planeta. Los Rolling Stones lo habían invitado. Pink Floyd también.


Los periódicos lo coronaban como una de las mentes más disruptivas que jamás hubieran enchufado una guitarra eléctrica. Beck no quería ser el próximo Eric Clapton. No quería ser el nuevo Syd Barrett. Ni mucho menos el Brian Jones de turno.


Frente a él se abrían dos caminos. El primero lo convertiría en la estrella pop más grande que el Reino Unido hubiera visto. El segundo le prometía adentrarse en un territorio inexplorado. Rock distorsionado a más no poder. Sonido más allá de lo imaginable. Beck no dudó. Elegió el segundo.


Su elección no fue bien recibida, querían una estrella pop y no un feroz guitarrista obsesionadocon la distorsión. La banda tuvo dificultades para conseguir una compañía que publicara su primer disco, Truth.


Truth era imposible de clasificar en 1968. No era pop. No era blues. No era rock convencional. No era psicodelia. Beck ya tenía un pie puesto en el hard rock. Respiraba el heavy metal que dominaría la década siguiente.


Beck y su banda iban más allá de los power trios que imperaban en aquel entonces. Lo suyo era un cuarteto atlético y dinámico que se vislumbraba años luz más moderno. Una década adelantado a Van Halen. Led Zeppelin, Black Sabbath, Cactus y los Montrose harían legendario este modelo poco después.


El verdadero riesgo no estaba sólo en la guitarra de Beck. El guitarrista podía haber elegido a cualquier cantante del mundo. Podía haber llamado a cualquier voz consagrada. En cambio apostó todo al poner al frente de su banda a un cantante completamente desconocido. Un tipo con un peinado de lo más extraño. Se llamaba Rod Stewart. 


Stewart se convertiría en el prototipo absoluto del vocalista de hard rock y heavy metal. Compartiría ese pedestal sólo con Roger Daltrey de The Who. Stewart no cantaba las canciones. Las devoraba. Tenía un poder vocal y un carisma imposible de igualar. Se dice que Stewart era el vocalista que Jimmy Page tenía en mente cuándo eligió a Robert Plant para su banda, Led Zeppelin, unos meses más adelante. 


La lista de músicos que participaron en Truth es un mapa del rock que vendría. John Paul Jones. Jimmy Page. Nicky Hopkins. Keith Moon. La élite de los músicos realmente pesados del Reino Unido reunida en un mismo estudio. Y en la banda fija de Beck ya estaba Ronnie Wood. El mismo que poco después sería músico de The Faces y después un Rolling Stone. 


La leyenda dice que cuando Jimmy Page formó Led Zeppelin buscó crear un híbrido entre The Who, el Jeff Beck Group y los Vanilla Fudge. Cuándo encontró a Robert Plant lo que realmente buscaba era un vocalista que capturara la misma electricidad salvaje que Stewart desprendía en Truth. En John Paul Jones encontró a su John Entwistle. Y en John Bonham encontró a su Carmine Appice.


El disco fue un fracasó en Inglaterra. Demasiado crudo. Demasiado agresivo. Demasiado real para los oídos británicos de ese momento, que estaban muy metidos en la psicodelia. En Estados Unidos se convirtió en una sensación inesperada. Abrió el terreno para la invasión del hard rock y el heavy metal inglés que arrasaría en los años setenta.


La personalidad impulsiva de Beck volvió a jugar en su contra. Un año después la banda había sido invitada para ser cabeza en el festival de Woodstock. La presencia del Jeff Beck Group los habría convertido en la banda más grande del mundo.


Beck escuchó el rumor de que su esposa lo engañaba con su jardinero. Suspendió la presentación en Estados Unidos apenas un par de días antes del festival. Regresó de inmediato al Reino Unido. Dejó abandonada a la banda. Stewart se enfureció con la actitud de Beck. Dejó el grupo. La química y la esencia del grupo se desvanecieron para siempre. 


Stewart decidió lanzar su carrera en solitario al mismo tiempo que se unía a The Faces. Stewart se convertiría en la gran estrella pop que muchos creyeron Beck pudo ser. Beck juró que nunca más cedería el protagonismo a otro vocalista. Por un momento intentó superar incluso el sonido de Truth con ex miembros de Vanilla Fudge. La química no funcionó igual. 


Cuando Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath buscaron conjugar aquel sonido de altos decibeles pronto lo alcanzaron. Y lo superaron. Beck giró la mirada hacia otro lado. Abandonó la carrera por la supremacía del rock pesado. Se refugió en el rock fusión. Allí grabó un par de discos brillantes con elementos de jazz y funk. Pero la batalla por definir el hard rock y el heavy metal de los setenta ya la había perdido.

Comments

Popular Posts