Reprobados
Reprobados
Por:
Isaac Katz
Tomado
de: El Economista
Todos iguales, todos jodidos. La OCDE dio a conocer
los resultados de la prueba PISA aplicada en el 2015 y los estudiantes
mexicanos de 15 años fueron los que peor resultado obtuvieron de entre todos
los países que componen dicha organización. En las tres áreas evaluadas, los
resultados promedio de los chamacos mexicanos (sobre un puntaje máximo de 800)
fueron: lectura, 429, ciencias, 416, matemáticas, 408. Sólo 1% de los evaluados
obtuvo una calificación de excelencia, mientras que más de 50% estuvo por
debajo del nivel mínimo considerado como satisfactorio. El sistema educativo nacional,
en su conjunto, es un absoluto desastre; no existe diferencia significativa
entre las escuelas públicas y privadas ni tampoco diferencias estadísticamente
significativas por nivel socio-económico. Una verdadera tragedia, con un enorme
costo en el nivel de bienestar de los individuos y sus familias y en el
desarrollo económico del país.
Hay varios elementos que explican el desastre del
sistema educativo nacional. Resalto algunos.
Primero, el sistema de educación pública se diseñó
para atender una enorme demanda sin poner atención en la calidad del servicio.
No hay que olvidar que al finalizar la guerra civil en 1916 más de 80% de la
población era analfabeta; ello, junto con la dinámica demográfica exigía crear
un sistema que incorporara cada vez más niños y jóvenes al sistema educativo.
Así, se creó un sistema de masas y la calidad pasó a segundo término. Seguimos
sacando del sistema educativo a analfabetas funcionales.
Segundo, dentro del sistema educativo público, el SNTE
fue parte del sistema corporativista del PRI (y después con el gobierno de
Calderón). Prebendas económicas a cambio del apoyo político. Para los líderes
de las diferentes secciones era más importante estar bien con el poder político
que cuidar la calidad de la educación. Inclusive, para los propios maestros era
más importante tener una buena relación con sus líderes sindicales que su labor
en las aulas.
Tercero, la opacidad en la labor magisterial y la
ausencia de libertad de elección para los padres de familia. Los padres no conocen
la calidad de la educación que reciben sus hijos y no tienen la libertad de
elegir en el sistema público de educación. Indispensable, en consecuencia,
ampliar el espectro de libertad de elección introduciendo el mecanismo de
“bonos educativos” válidos en cualquier escuela, pública o privada. Mayor
competencia derivará en mayor calidad.
Cuarto, el sistema de enseñanza, la pedagogía, es
obsoleta. Se sigue privilegiando el aprendizaje de memoria (y hasta en ello hay
enormes deficiencias) en lugar de inculcar el razonamiento y la investigación.
Es obvio que hay “que saber cosas”, pero lo más importante es inducir a los
alumnos a aprender, a investigar, a razonar. Los alumnos mexicanos no sólo no
tienen los conocimientos básicos; peor aún, los que los tienen no saben cómo
usarlos.
Quinto, la labor de los padres de familia. En la
educación de sus hijos, los padres han descargado todo en la escuela, lo cual
es un grave error. Los padres tienen que involucrarse directamente en atender
el proceso de acumulación de capital humano de sus hijos, dedicando tiempo a
ayudarles a hacer las tareas, induciéndolos a la lectura, etcétera. Tomar la
actitud de “fue a la escuela y ya con eso” es insuficiente e injustificable. Yo
le enseñé a mi hijo, a sus cinco años, aritmética básica mientras desayunábamos
unos molletes. El involucramiento de los padres es esencial y crucial.
Los resultados de la reforma educativa, de ser bien
instrumentada, se verán en el mediano plazo. Mientras, échenle una mano a sus
hijos; su futuro depende de ello.



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