À bout de souffle: El Gran Salto al Vacío de Godard
Una historia "real y simple". Un joven roba un auto, mata a un policía y huye. François Truffaut, uno de los primeros héroes de la llamada nueva ola francesa, escribió una breve historia sobre aquella noticia. Esa historia de Truffaut, se convertiría en la base del debut del director Jean Luc Godard en 1960, À bout de souffle.
Godard estaba decidido a hacer algo más que una película. Quería hacer manifiesto cinematográfico. Había trabajado como crítico de cine en la revista Cahiers du Cinéma, todos esperaban una película que hiciera historia. Godard a los 29 años hizo historia a su manera.
La breve historia de Truffaut era apenas el principio. Apenas un paso. A partir de ahí, Godard saltó al precipicio y se olvidó del guion. Por las mañanas escribía las escenas que grababan por la tarde. Los actores no sabían lo que pasaría y eso daba naturalidad. Godard les permitía y en ocasiones les exigía improvisar.
No había permisos para el uso de locaciones, lo que añadía una urgencia a las escenas, y añadía un elemento extravagante cuando la gente volteaba sorprendida al ver a los actores en la calle. No había escenarios. La calle, los hoteles, las tiendas y los restaurantes de la ciudad eran los escenarios.
El fotógrafo de guerra Raoul Coutard llevaba la cámara en mano o escondida en una carriola de bebé. À bout de souffle era el trabajo de una guerrilla que llegaba, atacaba y se retiraba en minutos. La historia era apenas una excusa para que Godard rompiera todos los paradigmas conocidos en el mundo del cine. A Godard le gustaba la iluminación natural, como en la vida real. Godard hacia una película cómo si grabara un documental.
Luego estaban los famosos jump cuts, que parecían una herejía contra la edición suave y discreta de aquellas épocas. Godard solía ver películas y adelantar las partes aburridas. Los jump cuts eran su manera de acelerar el tiempo y transmitir mucho en segundos. À bout de souffle era el jazz improvisado de Ornette Coleman o Eric Dolphy, hecho cine.
Jean Paul Belmondo el protagonista, es más un boxeador retirado que imita a Humphrey Bogart que un actor. Jean Seberg aportó su peinado, su manera de vestir y su acento americano. Seberg estuvo a punto de dejar la película muchas veces al no poder entender aquella manera de hacer cine. Se dice que al terminar las grabaciones detestó la película. Sin embargo À bout de souffle sería una de las películas por la que más sería recordada y la más importante que hizo.
Godard detestaba lo lineal y con la cinta buscaba desafiar eso. À bout de souffle se acerca a los collages de Kurt Schwitters o a las pinturas cubistas de Picasso. Los diálogos entre Belmondo y Seberg son en su mayor parte improvisados y van desde lo trivial hasta el existencialismo de Albert Camus o de Jean Paul Sartre.
Godard aniquilaba la formalidad en la manera de hacer cine, y la improvisación como en el jazz, se volvió el manifiesto. Rainer Werner Fassbinder, Martin Scorsese, John Waters, Quentin Tarantino y Sean Baker, entre otros, tomarían a Godard como su principal inspiración para hacer cine.


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