Ignorar el Presente, buscando Respuestas en el Pasado. La Fórmula para Destruir el Futuro
Después de la primera vuelta en que ganó Flavio Bolsonaro en Brasil nadie podía saber lo que vendría después. El resto de los candidatos se alinearon más con Bolsonaro que con Lula. La lógica decía que Lula tenía todo en contra. Un candidato en esas condiciones no se recupera tan fácil. Pero esperen. Lula seguía siendo el presidente de Brasil y tenía todo el aparato del Estado de su lado. Hizo concesiones en temas laborales porque estaba en funciones. Adelantó pagos de programas sociales porque estaba en funciones. Extendió el horario de votación dos horas más porque estaba en funciones.
Más allá de la narrativa heroica del líder sindical que venció a la ultraderecha, la historia real es otra. El presidente de la décima potencia económica del mundo usó todo el poder del Estado para aplastar a un joven junior, malcriado y grosero sin experiencia política. Sí, el apellido Bolsonaro pesa en la derecha brasileña. Pero vamos. ¿Pesa más que el de un hombre que lleva dos décadas en el poder? Flavio no debió tener ni oportunidad, y aun así mandó a la lona a Lula una vez. Se podrá decir que Facebook y X se pusieron del lado de Flavio. Pero el arma principal de Lula para superar esa primera derrota fue WhatsApp, que también es de Meta, igual que Facebook. La realidad es que Lula no operó como candidato. Operó como presidente en campaña y aún así, casi pierde.
A Flavio no le quedó otra que huir del país a quejarse con Trump. Como si a Trump le importara. Trump ya traía problemas enormes encima. Lula será por cuarta vez presidente de Brasil. Fue candidato a la presidencia tres veces. Se puede hablar de su perseverancia. También se puede hablar de su obsesión por el poder y de lo unipersonal que es su proyecto. Cuando Lula dejó el poder y se quedó a la sombra de Dilma Rousseff, el proyecto se vino abajo. Lula y Dilma quisieron vender la imagen de una potencia de primer nivel y organizaron el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. El resultado fue que Dilma fue depuesta y Lula terminó en prisión. Escándalos de maquillaje de cifras presupuestales y sobornos pusieron en problemas todo su proyecto. Se puede hablar de persecución política, sí. Pero la sospecha de corrupción sigue ahí, latente. Con todo eso Lula sigue en el poder.
¿Cómo se puede hablar de izquierda progresista cuando el proyecto de esa izquierda en Brasil consiste en postular tres veces al mismo candidato y votar cuatro veces por él? Eso es tan conservador como Viktor Orbán en Hungría o Vladimir Putin en Rusia. No estoy a favor de Flavio Bolsonaro. Tampoco estoy a favor de Lula siendo presidente por cuarta ocasión. Menos aún, de pensar que la izquierda gobierna en Brasil. Menos de creer que un gobierno progresista tiene el poder. Menos de aceptar que un líder sindical se enfrentó a la tecnooligarquía mundial y la venció. Lula usó todo el poder del Estado para permanecer por cuarta vez haciendo campaña por sexta ocasión. Eso es conservadurismo puro. Dos décadas de Lula en el poder y no hay proyecto progresista. Hay Lula en el poder y punto. Y ya sabemos que correrá otra vez a los brazos de China y, peor aún, a los de Rusia, para intentar darle oxígeno a su “proyecto”.
Flavio perdió y tal vez se llevó su “mala suerte” a Estados Unidos. Yo no creo en la mala suerte. Creo en las malas decisiones. Flavio tomó malas decisiones al final y tomó otra peor al huir a Estados Unidos. Trump tomó la pésima decisión de meterse en una guerra en Irán presionado por Israel. Tomó otra pésima decisión al cerrar filas con Rusia, y dejar a Ucrania en una situación todavía más complicada. Ambos conflictos dispararon los precios de los combustibles, subieron el costo de casi todo y golpearon el bolsillo de los estadounidenses. Y los estadounidenses no perdonaron. Bajo ese punto de vista Trump se derrotó solo. Y eso preocupa porque no sé si los demócratas en Estados Unidos entienden realmente por qué ganaron y qué deben hacer ahora. Ganó el enojo de la gente por el golpe a sus bolsillos. No ganaron los demócratas. No alcanzo a ver qué han hecho diferente. Se supone que son la izquierda estadounidense. ¿Han conseguido dar salud y educación de primer nivel de forma universal? No. ¿Les interesa hacerlo? Pienso que no. En el caso concreto de Estados Unidos no tengo clara esa gran diferencia entre izquierdas y derechas. Para mí son lo mismo. Lo único positivo es que Trump y toda esa locura "MAGA" perderá fuerza y con suerte desaparecerá.
En México el oficialismo debe estar muy feliz por el tropiezo de Trump. Pero no sé si realmente haya motivos para tanta dicha. ¿Un Trump debilitado buscará mejorar su imagen con el votante promedio acercándose de forma más amable a sus vecinos del norte y del sur? No. Definitivamente no lo creo. Pienso que Trump buscará generar el mayor caos posible en los próximos dos años y ver qué ventaja puede sacar de eso. Esa es la escuela de Putin. Putin no es el gran estratega que muchos imaginan. Detona el caos y se mueve rápido para sacar alguna ventaja. No sabe lo que va a pasar, pero sabe lo que ya pasó y eso le da ventaja. Mientras todos nos preguntamos qué ocurrió, él ya va un paso adelante. Es más una táctica que una estrategia.
El oficialismo mexicano esperaba deseoso la derrota de Trump. Seguramente piensan que un Trump derrotado es menos peligroso para México. Pero la realidad es que Trump ha sido más cercano al gobierno de Morena que Barack Obama o Joe Biden. El TLC se inició con el gobierno del PRI y los republicanos. Lo continuaron los demócratas, pero quienes lo arrancaron fueron Salinas y Bush. Así que no estoy seguro de que como país nos vaya mejor con los demócratas en el poder en Estados Unidos. Otra vez es el caos y moverse rápido a ver quién obtiene ventaja.
El gran problema es que en México, el oficialismo cada vez pierde más espacio de maniobra. Hay divisiones internas como en el viejo PRI y eso es más peligroso para el partido en el poder que cualquier amenaza externa. Si el PRI tardó más de tres décadas en moverse a la derecha, Morena se mueve de forma acelerada. Nunca fueron de izquierda. Son como aquellos que se decían socialistas en Alemania, solo para atraer trabajadores y en realidad eran bastante conservadores. Otra vez basan todo su proyecto en la figura mítica del expresidente. No hay en realidad un proyecto de nación más allá de conservar el poder a toda costa. Sí, eso los hace muy conservadores. ¿Salud y educación de alta calidad universal? Ni pensarlo. No quieren y no pueden.
Por otro lado, gobernar apenas ocho años los ha desgastado de forma acelerada. Han ignorado a sus bases, crecieron pactando impunidad con viejas mafias y caciques y buscan políticos populares de otros partidos en lugar de formar sus propios cuadros. Y eso los sigue dividiendo y matando. Su giro hacia la derecha será completo para 2030. Sí, un PRI con esteroides y acelerado. Para 2030 el candidato del oficialismo será un policía que quiere construir más cárceles, al estilo de Bukele y de Delcy Rodríguez. Para 2030 llegará al poder el nieto del hombre que operó la masacre de Tlatelolco. Para 2030 llegará al poder el hijo de uno de los operadores de la guerra sucia de los años setenta. Y habrá una ruptura mayor dentro del oficialismo. Como en el PRI en 1988. Primero como tragedia y después como farsa. Como lo dijo Marx. Los puros se negarán a reconocer al candidato favorito de Washington. A un hombre de derecha salido de un supuesto partido de izquierda. Y entonces todo volverá a suceder de nuevo. No hemos aprendido nada y nos condenamos a repetir el ciclo.



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