La Escuela McMartin: Las Brujas que Nunca Existieron

 


Parec铆a una historia sacada de la imaginaci贸n oscura de los hermanos Grimm.


Unos ni帽os abandonados en el bosque por sus padres durante una hambruna en Alemania. En la vida real no hab铆a bosque ni hambruna en los EEUU. Hab铆a una guarder铆a, y unos padres que ten铆an que trabajar para sacar adelantea su familia y darles lo mejor.


Los ni帽os del cuento encuentran una casita de dulces en medio de la nada. En la vida real esa casita era un sal贸n con juguetes y paredes pintadas de colores. Ah铆 viv铆a, seg煤n el cuento, una bruja disfrazada de anciana dulce, que atrapaba a los ni帽os, los engordaba y se los com铆a (curiosamente en Alemania han existido casos reales de canibalismo). En la vida real eran mujeres de edad madura cuya profesi贸n era cuidar ni帽os mientras sus madres trabajaban. Nada m谩s. En alg煤n momento, la l铆nea entre el cuento y la realidad se borr贸 por completo. Y esa confusi贸n cost贸 la libertad a gente inocente.


Es verdad que el abuso infantil empez贸 a tomarse en serio a partir de los a帽os setenta. Era necesario. Pero las estad铆sticas cuentan una historia distinta a la que se cont贸 en los tribunales. La mayor铆a de los abusos ocurr铆an en casa, no en la escuela. Y en su gran mayor铆a los comet铆a alguien de la familia, no un extra帽o.


Se impuso una regla que sonaba noble pero result贸 devastadora: creer todo lo que un ni帽o dijera, sin importar qu茅 tan extra帽o sonara. El problema no eran los ni帽os. El problema eran los adultos mal preparados que, con la mejor intenci贸n, terminaron alimentando la imaginaci贸n infantil hasta convertirla en evidencia legal. Gran parte de los peores males que comete el ser humano, comenzaron con una buena intenci贸n.


El ejemplo m谩s brutal fue el caso de la escuela preescolar McMartin, en California, a inicios de los a帽os ochenta. S铆, hubo abuso. Pero no ocurri贸 en esa escuela, ni lo cometieron los maestros acusados. Tampoco fueron varios cientos de casos realmente (hasta 400 acusaciones). Lo que ocurri贸 fue otra cosa: un grupo de "expertos" empez贸 a interrogar ni帽os de tres a帽os usando como gu铆a libros de fantas铆a ocultista, entre ellos el infame Michelle Remembers. No era ciencia. Era ficci贸n vestida de investigaci贸n.


Ni帽os guiados sin saberlo por esas preguntas, empezaron a hablar de animales sacrificados, t煤neles secretos bajo la escuela, pornograf铆a grabada en video, brujas que volaban. Los adultos les creyeron todo. Absolutamente todo a pesar de realizar excavaciones y no encontrar absolutamente nada bajo la escuela. 


Personas inocentes pasaron a帽os en prisi贸n sin m谩s prueba en su contra que el testimonio de un ni帽o de tres a帽os describiendo rituales sat谩nicos en iglesias. McMartin termin贸 siendo el juicio m谩s largo y m谩s caro en la historia legal de Estados Unidos. 7 a帽os y 15 millones de d贸lares. Una histeria colectiva del mismo tama帽o, o mayor, que los juicios de Salem casi dos siglos antes.


Pero esto no fue un accidente cultural. Fue una reacci贸n. La incorporaci贸n masiva de la mujer al mundo laboral incomod贸 profundamente a los sectores m谩s conservadores de la sociedad estadounidense. Y algunos de ellos estaban dispuestos a lo que fuera con tal de empujar a la mujer de regreso a la casa. Avivar el rumor de que las guarder铆as del pa铆s eran nidos de cultos sat谩nicos que abusaban de ni帽os en masa fue, para ellos, una herramienta perfecta.


En el cuento, es la madrastra malvada quien obliga al padre a abandonar a los ni帽os en el bosque. En la vida real, fueron las madres trabajadoras las que cargaron con la culpa de peligros que exist铆an, sobre todo, en la imaginaci贸n de quienes no soportaban verlas fuera de la cocina. No hubo bosque. No hubo bruja. Hubo miedo, ignorancia y una sociedad que necesitaba un culpable para no mirar de frente el verdadero lugar donde realmente ocurre casi todo el abuso infantil: el hogar.


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