Eyes Wide Shut: La Última Carcajada de Kubrick

 


Me gusta pensar en Eyes Wide Shut como una comedia muy oscura, basada en literatura bastante densa. La última película de Stanley Kubrick. Tan negra fue su comedia, que decidió usar a una pareja de superestrellas, Tom Cruise y Nicole Kidman, cuando a finales de los 70s había considerado al comediante Steve Martin para el papel que daría a Cruise, y tenía contemplada la cinta, como una al estilo de Woody Allen. Sabe Dios qué hubiera resultado de la cinta con Martin a la cabeza.


Muchos piensan de inmediato en la escena del culto ritual como algo prohibido y de significado muy profundo. Algunos alucinan que Kubrick murió de forma misteriosa por revelar "secretos de las elites". "La película de Kubrick que reveló los oscuros secretos de los Iluminati". Pero vaya, Cruise llega a ese lugar, supuestamente exclusivo para una élite secreta, en un taxi, después de comprar una capa y una máscara florentina en una tienda de disfraces, a un hombre que le pide un remedio para su calvicie. ¿Se puede alguien de verdad tomar esto en serio?


Al inicio de la cinta, el personaje de Cruise, el doctor Bill Harford, está a punto de llevarse a dos modelos a la cama cuando lo llaman para atender la sobredosis de una chica que yace desnuda en un sillón. Después, cuando Kidman le confiesa tener fantasías sexuales con un marinero, sí, un marinero, mientras fuman hierba, Cruise confundido decide salir a deambular por las calles en busca de algo parecido a una fantasía que pueda hacer realidad y ponerse a mano con su esposa. Una mujer le confiesa estar loca por él frente al cadáver de su padre. Una adolescente bastante promiscua que está con dos asiáticos en la tienda de disfraces de su padre, parece hacerle una propuesta indecorosa. Una llamada de su esposa le impide acostarse con una prostituta, que al día siguiente, descubre estaba enferma de VIH. Una escena navideña al final, en la que Alice sugiere resolver todo teniendo sexo y listo, tan fácil. La mejor película navideña que he visto.


Kubrick debió divertirse tanto haciendo esta, una de sus comedias más oscuras. Usó a Cruise y a Kidman en lo que muchos seguramente pensaron, sería un thriller bastante ardiente y en realidad, obtuvieron una comedia muy negra, que dejó a Kubrick riendo a carcajadas al final. Tanto que les dejó aquella bomba y se retiró de este mundo sin dar tiempo de réplica a nadie. ¿Moriría Kubrick de un ataque al corazón, de tanto reír? Yo pienso que si. Que Arthur Schnitzler, gran amigo de Freud, haya escrito el libro, un compendio de fantasías eróticas y doble moral, en el que se basó la película, debió alimentar de entrada las fantasías de muchos, algunos por morbo, otros por snobs. Pero Kubrick buscaba total libertad para su última cinta. Una pareja de superestrellas. Un Manhattan onírico y casi vacío, recreado en Inglaterra. Un rodaje que duró más de un año, declarado el más largo de la historia del cine. Una ceremonia ritual secreta llevada a cabo en una de las propiedades de los Rothschild. Una broma muy pesada y densa la de Kubrick. Y también la que Kubrick llegó a confesar, consideraba su obra maestra.


Al final, el paseo por el lado salvaje de Cruise, termina siendo una muy mala broma llena de frustración. La Navidad se convierte en ese vacío existencial que suelo sentir en esas épocas. Entiendo que muchos se hayan sentido estafados tras ver la cinta. Pienso que esa era la intención de Kubrick: crear la broma perfecta, a costa del público atraído por la pareja protagonista, y por el posible alto contenido erótico de la cinta. En parte, ¿Eso nos llevó a muchos al cine a ver Showgirls no? Al final, la taquilla fue brutal y la broma siguió, convirtiendo la cinta en la más exitosa comercialmente de Kubrick, eso no le pasó a Showgirls. Lo de Kubrick fue una estafa maestra. Un genio que se rió mejor al último.


Kubrick convierte a Cruise, un héroe de acción, en un pelele que se cree detective, enseñando su credencial de médico a todos. Un tipo que buscaba realizar una fantasía sexual alucinante y que siempre termina en ridículo. Aprovecha para ponernos frente a otra actuación temeraria de la enorme y hermosa Kidman. ¿Mi película favorita de Kubrick? No. Mi favorita no. Pero sí una de ellas.

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