Charles Bukowski: Una Carta Desde Un Kafkiano Infierno Burocrático

 


Charles Bukowski recibió una oferta que no pudo rechazar: cien dólares al mes para dejar su trabajo en la oficina postal y dedicarse a escribir. El editor John Martin había leído lo que Bukowski tenía entre manos y supo que aquello era algo único.


Cartero, o Post Office, fue el resultado de una década encerrado en esa maquinaria absurda que le dejó una certeza brutal: el sueño americano era un cadáver. 


Para sobrevivir a esa oscuridad burocrática, Bukowski se aferró a dos cosas: el alcohol y la música clásica. Sibelius, Mahler y cervezas baratas dictaron las palabras con las que armó la novela en apenas 21 días de obsesión literaria. Lo que otros tardan años en imaginar, Bukowski lo vomitó en tres semanas.


Cartero era una declaración de guerra. A través de su alter ego Henry Chinaski, Bukowski disparó a un sistema que convertía a los seres humanos en números desechables de una maquinaria que no reconoce a nadie.


Nadie es profeta en su tierra, Bukowski no fue la excepción. En Estados Unidos lo descartaron como demasiado radical. En Europa, en cambio, los círculos literarios lo recibieron como el nuevo Kafka, la voz más honesta que había retratado el absurdo de la burocracia moderna.


Su arma favorita fue el humor negro, que duele mientras te ríes. Eso es exactamente lo que hace Cartero: golpea y hace reír al mismo tiempo. Pienso que Bukowski suena como Tom Waits, con esa voz hecha trizas por el alcohol y el cigarro. Pero este cantante de callejón y alcantarillas no se hace acompañar por un piano. Es más brutal y podría tener a una banda de punk rock cómo los Stooges para amplificar aún más su furia brutalmente honesta. 


Tuve muchos libros de Bukowski, era directo como el hardcore punk, y lo adoré de inmediato. Bukowski fue mi entrada a lo grande a la literatura cuándo yo era apenas un adolescente. En algún lugar leí que los miembros de la banda de thrash metal, Anthrax leían a Bukowski obsesivamente mientras grababan su clásico Among the Living. Si Lou Reed pudo hacer un disco con Metallica, sigo esperando el de Tom Waits con Anthrax. 

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