El Eclipse del Homo Sapiens (Giovanni Sartori RIP)
El Eclipse del Homo Sapiens
Por
Giovanni Sartori
Tomado
de: El Universal
Prefacio
Siempre sostuve que la ciencia política en particular,
y las ciencias sociales en general, deben ser, o intentar ser, disciplinas
predictivas, capaces de prever: Science for what? Precisamente para guiar la
acción. Pero en este mi último escrito, con la fortaleza de mis noventa años,
intentaré recordar algunos de los acontecimientos que viví y en los cuales
inclusive estuve implicado en primera persona.
I. Sociedad industrial
Malthus, quien fue poco leído y mal entendido, aún
vivía en una sociedad agrícola. No existían las máquinas, la economía era total
y solamente producida por el trabajo manual, cuando mucho auxiliado por el buey
que jalaba el arado. La invención de la máquina transformó la sociedad
agrícola. La oposición de los llamados luditas fue feroz. Pero al principio lo
fue sin razón. Las máquinas requerían más máquinas, y por ende generaban nuevos
empleos. Hasta el momento en que el mundo se saturó de máquinas que se
reproducían por sí mismas. ¿Y entonces? Entonces se inventó la sociedad de
servicios.
II. Sociedad de servicios
El equipo de sociólogos que inventaron esta nueva
sociedad era de alto nivel mental y cultural. Los conocía bien a casi todos, y
los respetaba. Nunca entendí con claridad si la sociedad de servicios fuera en
verdad un descubrimiento o un alarde. Quizá un poco de ambas cosas. Yo la
entendí como una forma de resolver el desempleo generado por la sociedad
industrial. Al principio, el hallazgo fue genial. Sin embargo, creó, como se
podía prever, un ejército de burócratas en constante aumento y siempre más
improductivo. Como ya escribí en el lejano 1993, la enfermedad se curó con un
remedio peor.
III. La Gran Marcha
También la sociedad de servicios tenía que explotar.
Fue transformada en la ideología de la globalización. La Unión Europea de los
primeros siete Estados constituyentes estaba impulsada por las mejores
intenciones, pero se transformó paulatinamente en una extensión de la sociedad
de servicios, a la cual se otorgó un nuevo espacio en el nombre de la globalización,
que a su vez se convirtió en la nueva consigna. Así nacieron Siete Estados
indefensos: no más aranceles, no más protección, puertas abiertas a todo el
mundo. En realidad, la noción de Estados unidos o confederados se desarrolló
más que nada como una burocracia ulterior, siempre más invasiva y penetrante.
Obsérvese que el Estado de los Siete, abierto e indefenso, es único en el
mundo. Los Estados Unidos se sienten autorizados hasta nuestros días a imponer
protecciones arancelarias. Sólo los Siete se extendían y querían ocupar un
nuevo territorio. Así, hoy han llegado a rozar inclusive a Rusia. Cuando la
Unión Soviética se atrevió, en Cuba, a rozar la zona de influencia de los
Estados Unidos, todo el mundo hostigó a Cuba, todo el mundo apoyó la reacción
del presidente Kennedy. Sin embargo, Cuba era un Estado soberano, libre de
instalar bases de misiles en el ámbito de su propio territorio y en los límites
de sus aguas territoriales. Todo gran Estado tiene derecho a su propio espacio
de seguridad. Al contrario, hoy nos hallamos frente a una Unión Europea siempre
más ávida de espacios de acción e intervención, y que quisiera que Rusia se
resignara a perder Ucrania, que habla ruso. Como ya dije, la Unión Europea
busca siempre más espacios para su burocracia. Ahora quiere llegar hasta la
frontera de Rusia. Y, nótese bien, con armas casi descargadas. Aún así ya no
tolera ni siquiera zonas de colchón, zonas de respeto.
IV. La gran comilona
Si la economía industrial está muerta, ¿qué es lo que
queda? Queda la economía financiera. Se trata de dos cosas muy distintas entre
sí. La economía financiera es una economía especulativa. Inevitablemente su
mercado es el mundo. Y los nuevos economistas se lanzaron tras esta nueva
pista, donde se puede ganar un montón de dinero, especulando y manipulando el
cambio de divisas. Hoy nuestros economistas son todos de esta clase. Nuestros
políticos los contratan como consejeros y pagan generosamente sus servicios.
Pueden acumular grandes números, moviéndose con destreza entre patrimonios
enormes. Y por lo tanto inventan trampas y artilugios de todo tipo (como el
verdadero fraude de los llamados derivados). También gracias a las cadenas de
televisión, en las cuales mangonean.
¿Y luego? Luego nada. Recomiendan endeudarse,
prometiendo nuevos milagros a quienes les recuerdan que las deudas al fin y al
cabo hay que pagarlas; además predican que si ya hay recesión (tal y como la
hay), esta desaparecerá el próximo año, o al año siguiente. Y a quienes a
diario pierden su empleo, les prometen que van a conseguir otro. ¿Cómo? Es un
remate de sueños, que se utiliza repescando del repertorio de la economía a la
antigüita. Y no es casualidad. Pero no es cierto que el vendedor ambulante no
daña la economía; para cada vendedor informal que se afirma, se cierran con un
ritmo impresionante las pequeñas tiendas, que tienen que pagar una renta y
también uno que otro impuesto. Por uno que se salva, cien tienen que hundirse.
Menuda recuperación, por cierto.
V. La Iglesia suicida
El recuento de la historia de la encíclica Humanae
Vitae externada por el papa Paolo VI se hizo muchas veces. Es bien sabido que
el Papa reunió a los mayores teólogos de su tiempo, quienes concluyeron que no
estaba basada en la doctrina. Ya Tomás de Aquino distinguía tres tipos y etapas
del alma: el alma vegetal, el alma animal y, finalmente, el alma humana. La
tercera alma podía llegar más tarde, aun después de nacer. Entonces la doctrina
tomista distingue tres almas diferentes en diferentes etapas. Sin embargo el
Papa, en contra de la opinión de sus teólogos, actuó arbitrariamente. Claro
está que las encíclicas no son doctrinas infalibles de la Iglesia, sino que
también se pueden olvidar y dejar caer. Empero, los últimos papas no sólo
defienden la Humanae Vitae sino que extienden su aplicación. El papa Francisco
es agradable y hace bien en querer desmantelar la curia romana, pero pasa por
alto las masacres cometidas por los cristianos y prefiere mantenerse entre los
“suyos”. Lanza llamados ya obsoletos y no permite anticonceptivos ni píldoras
del día después. Claro, casi se me olvidaba que estamos en la edad de la
globalización. Quizá los últimos pontífices no saben que sunitas y chiítas (en
el mundo islámico) se masacran recíprocamente desde hace más de mil años.
VI. La colonización sin sentido
Cuando los Estados europeos colonizaron África
decidieron arbitrariamente su repartición. Sentados alrededor de una mesa,
marcaron con la regla en la mano quién era quién y qué le tocaba a cada quien.
La operación se hizo con la regla en la mano (con la
excepción de Congo belga, que fue adquirido por el rey Leopoldo II). Pero el
criterio fue: un tanto para ti y otro para mí.
El resultado es que las fronteras marcadas por líneas
rectas son una absurdidad. Y en efecto, los Estados creados a partir de esta
absurda división y repartición nunca se concretizaron. A veces fomentaron y aún
fomentan conflictos, pero esta historia acabó así.
VII. El regreso al tribalismo
Con la excepción de pocos casos ya olvidados y
borrados por la historia, el mundo real se está desmoronando cada vez más, y
así está volviendo a sus orígenes. Desde que el hombre pre-sapiens bajó de los
árboles, su organización espontánea fue la tribu. Unas enemigas, otras afines,
pero el jefe siempre fue el más anciano. Cuando fallecía, el mando pasaba al
anciano sucesivo, y cada tribu se distinguía por colores diferentes, fiestas
diferentes, costumbres diferentes y plumas sui generis. El homo sapiens duró
poco, muy poco, y el mundo está tendiendo a deshacerse cada vez más, para
volver al hombre pre-sapiens
Conclusión
Como ya escribí hace tiempo en Homo videns, la ciudad
liberal-democrática se basa totalmente en la capacidad de abstracción, en
conceptos que no se ven (que sólo se pueden concebir), y que no se pueden hacer
visibles. Dicha capacidad de abstracción es destruida por la televisión y el
mundo de la red, por los cuales existe sólo lo que se ve. El llamado “siglo
corto” ha sido cortísimo.



Comments
Post a Comment