La Jugada de Trump: Por Qué México Podría Entregar a AMLO para Salvar a Morena
¿Tiene Trump a México en la mira? Considerando la llamada Doctrina "Monroe", ahora actualizada como "Donroe", la respuesta es un rotundo sí, aunque no será de la manera que muchos imaginan.
Washington conoce perfectamente el manual de operaciones de los gobiernos que se autodenominan "revolucionarios" en México: viven y prosperan de la simulación más sofisticada. Mientras agitan a las masas con discursos antiimperialistas y retórica de izquierda desde el balcón presidencial, en las sombras se subordinan dócilmente a los deseos de Washington con tal de conservar el poder. Es el arte de la doble cara perfeccionado durante décadas.
Venezuela representó un caso radicalmente diferente. Una dictadura sin disimulos y una mafia política aferrada al poder cuya alianza estratégica con China y Rusia les proporcionó el respaldo suficiente para desafiar abiertamente a Estados Unidos. Pero el nuevo regionalismo autoritario estadounidense dejó brutalmente expuestos a Venezuela, Ucrania y Taiwán, cuya respectiva suerte ahora es meramente cuestión de tiempo.
Estados Unidos busca el control absoluto del hemisferio completo, sin espacio para la ambigüedad ni la disidencia. Venezuela se atrevió a desafiar esta nueva hegemonía estadounidense, y Washington no dudó en neutralizar quirúrgicamente a Nicolás Maduro. Obviamente, los altos mandos chavistas comprendieron rápidamente la jugada geopolítica y estuvieron más que dispuestos a negociar a cambio de conservar sus privilegios y el aparato de poder.
El resultado es revelador: los chavistas permanecerán en el poder, ahora completamente subordinados a Estados Unidos y después de haber entregado sin ceremonias a su propio líder. Washington está perfectamente feliz con carceleros autoritarios en el poder, como han demostrado con Nayib Bukele en El Salvador. ¿Será ese el nuevo rol asignado a Delcy Rodríguez? El tiempo lo dirá.
En México, sin embargo, las cosas son sustancialmente diferentes y mucho más complejas. La presidenta Claudia Sheinbaum es percibida como una figura débil operando constantemente bajo la sombra omnipresente del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Estados Unidos seguirá exigiendo subordinación total e incondicional a sus vecinos directos: Canadá y México. No hay zona gris en esta nueva doctrina.
Canadá ya ha dado múltiples muestras públicas de subordinación. México también ha comenzado a ceder, evidenciado por el reciente aumento de aranceles a las mercancías chinas, una clara señal de alineamiento con Washington.
Pero surge la pregunta que nadie se atreve a formular abiertamente: ¿Pedirán los Estados Unidos una prueba máxima e irrefutable de subordinación a sus vecinos? ¿Le exigirán a Canadá apoyar públicamente la anexión de Groenlandia? ¿Le exigirán a México entregar al expresidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Forzarán la dimisión de la presidenta Sheinbaum? ¿Colocarán directamente en el poder a Omar García Harfuch?
No es ninguna sorpresa ni secreto que García Harfuch es el hombre preferido de Washington en México. Sus credenciales de mano dura y su alineamiento ideológico con las políticas de seguridad estadounidenses lo convierten en el candidato perfecto para los intereses de la Casa Blanca.
La prueba máxima y definitiva de subordinación de México a Estados Unidos sería precisamente colocar a García Harfuch en el poder presidencial. Con Harfuch al mando, el paisaje político mexicano experimentaría transformaciones sísmicas:
Primero, La dimisión de Claudia Sheinbaum significaría un rompimiento conblos carteles de la droga que los Estados Unidos han vinculado con el actual y anterior gobierno.
Segundo, Harfuch representaría un hombre fuerte en México, completamente alineado y subordinado a los intereses estadounidenses sin cuestionamientos.
Tercero, significaría un viraje drástico del partido oficial hacia la derecha más conservadora y un retorno completo a las políticas militarizadas de seguridad del expresidente Felipe Calderón.
Cuarto, Harfuch gobernaría con mano de hierro al estilo de Nayib Bukele: cero tolerancia a la disidencia, estrategia de "súper cárceles" y control absoluto del aparato de seguridad.
Si entregar a Nicolás Maduro a Estados Unidos sirvió a la cúpula chavista para conservar el poder en Venezuela, entonces entregar a López Obrador, desplazar del poder a Sheinbaum y transferir el control a García Harfuch sería la forma perfecta en que el partido oficialista mantendría el poder bajo nuevas condiciones.
Es absolutamente claro que no habrá una incursión militar armada en México, eso sería innecesario y contraproducente. La propuesta de instalar a un hombre fuerte, bien visto por Washington y dispuesto a ejecutar la agenda estadounidense, bajo la simulación de seguir bajo el presente régimen "nacionalista", ya está sobre la mesa de negociación.
Para aquellos ingenuos que pensaron que la captura de Maduro cambiaría mágicamente las cosas en Venezuela, existen aún más incautos que creen que una eventual intervención de Estados Unidos en México tendría como objetivo sacar del poder a Morena. Nada más alejado de la realidad.
Como dice el refrán: para que exista desilusión masiva, primero se requieren ilusos en abundancia.
La verdad incómoda es esta: Morena negociará directamente con Estados Unidos la fórmula exacta para conservar el poder a toda costa, aun cuando ello signifique subordinación total, completa e irreversible al proyecto regionalista autoritario de Estados Unidos.
El poder no se abandona, se transforma. Y Morena está más que dispuesta a ejecutar esa transformación si eso garantiza su supervivencia política. La pregunta no es si habrá negociación, sino qué precio estarán dispuestos a pagar y qué tan pronto se ejecutará el movimiento. México es una pieza importante en movimiento en el ajedrez geopolítico actual. Para los Estados Unidos es una cuestión de máxima seguridad la total subordinación de sus vecinos directos.



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