2026: La Gran Traición

 


Hace tiempo que dejó de interesarme la política. Seguramente porque la política hoy se ha convertido en un espectáculo decadente que glorifica la estupidez y ha hecho del fracaso una constante normalizada, una rutina anestesiante que repite las mismas tragedias con diferentes máscaras.


Sin embargo, debo señalar que una parte de la política me sigue pareciendo absolutamente fascinante, y eso es cuando la política va forjando la historia día a día, en tiempo real, ante nuestros ojos atónitos. La historia me apasiona, y la historia no es solo el pasado polvoriento de los libros o las fechas memorizadas en la escuela: la historia sucede cada día, cada hora, cada segundo, frente a nosotros, mientras bebemos café y revisamos nuestros teléfonos.


Apenas comenzaba el año 2026 y ya éramos testigos de la estupidez monumental y el fracaso diplomático envuelto en banderas triunfalistas. Una intervención de los Estados Unidos en territorio venezolano resultó en un fracaso rotundo en términos de derecho internacional, aunque se vendiera mediáticamente como una victoria histórica. Es claro que el aparente "éxito" de la intervención estadounidense fue derivado de la infiltración corruptora en las altas cúpulas del corrupto poder chavista, no de ninguna brillante estrategia militar ni superioridad moral. Al final, fue la corrupción y no la estrategia. El dinero, no los principios.


No presenciamos la caída de un nefasto régimen como nos prometieron. Vimos el clásico sacrificio humano para calmar a los dioses sedientos del poder. La cúpula chavista, infiltrada e intervenida por la CIA, negoció astutamente conservar el poder a cambio de un sacrificio calculado y perfectamente coreografiado: Nicolás Maduro. El régimen chavista se mantiene intacto en el poder, operando con la misma maquinaria represiva, ahora subordinado directamente a los Estados Unidos. "Meet the new boss, same as the old boss", como cantaban proféticamente The Who hace décadas.


Ahora la segunda al mando del régimen chavista, Delcy Rodríguez, se queda al frente, con la aprobación de Washington, de la gran farsa que hizo creer ingenuamente a millones de venezolanos que el régimen había caído, que la libertad finalmente había llegado. Los chavistas seguirán viviendo parasitariamente del Estado y reprimiendo brutalmente al pueblo, ahora bajo las órdenes directas de los Estados Unidos, con el mismo aparato, los mismos métodos, la misma violencia institucionalizada. ¿Qué beneficio real puede haber para el sufrido pueblo venezolano si continúa exactamente el mismo régimen opresor, apenas cambiando de amo?


Se llama regionalismo autoritario. Muerte a la globalización, vida al regionalismo autoritario y al nuevo orden fragmentado. Los Estados Unidos dan el fuerte golpe sobre la mesa y declaran unilateralmente su "Doctrina Donroe" (triste mezcla de la histórica Doctrina Monroe y la Doctrina Donald Trump): América para los Estados Unidos. Desde Groenlandia hasta la Patagonia argentina, todo el hemisferio occidental como coto privado.


Los Estados Unidos de Trump negociaron estratégicamente entregar por completo al resto del mundo a cambio de conservar el continente americano entero bajo su esfera absoluta de influencia. Dejan Asia en manos de China, a costa de abandonar cínicamente a Taiwán a su suerte, traicionando décadas de alianza estratégica. Dejan el Medio Oriente en manos del eje Israel-Arabia Saudita, lavándose las manos del conflicto perpetuo. Los Estados Unidos abandonan también a Europa, sin embargo, el futuro de Europa no queda en manos de algún superpoder claramente definido, sino en un limbo geopolítico peligrosísimo.


Los países más fuertes de Europa: Reino Unido, Alemania y Francia, deberán disputar ferozmente el control del continente europeo de las garras expansionistas de Rusia, sin el respaldo militar estadounidense que sostuvo la paz durante 80 años. Rusia dará un paso atrás calculado en Asia y el Medio Oriente para concentrarse agresivamente en Europa, recuperando su antigua obsesión imperial. ¿Quedará Europa dividida nuevamente entre Occidente y el Este, como lo fue durante los oscuros años de la Guerra Fría? La historia parece repetirse en espiral, como una maldición que no podemos romper.


La intervención estadounidense en Venezuela no es un paso al frente rumbo al progreso democrático que nos prometieron los discursos oficiales. Es un paso atrás gigantesco que da carta abierta a Rusia para seguir masacrando impunemente a civiles ucranianos y abandona cobardemente a Taiwán en manos de la China expansionista y su apetito insaciable. El mundo pueden pensar ingenuamente que triunfó en Venezuela, pero en realidad fue un fracaso que empeorará la situación en Ucrania. Todo está conectado...todavía. 


Estados Unidos reconoce tácitamente la llegada inevitable de la era asiática, aunque jamás lo admitirá públicamente. A Trump le interesa más llevar nostálgicamente a los Estados Unidos a la era romántica de las manufacturas de los años 50, aunque los reyes tecnofeudales, Musk, Thiel, Altman, Bezos y Zuckerberg, buscarán inevitablemente una alianza subterránea con China e India, traicionando las políticas nacionalistas de su propio gobierno para seguir acelerando, quieren que Trump sea sólo un escalón rumbo a los EEUU SA de CV. Probablemente el acercamiento sea más con India, que será la nueva China en unas décadas más, con su enorme población joven, su creciente poder tecnológico y su clase media hambrienta de consumo.


México es un caso particularmente revelador y perturbador. Por 70 años se disfrazó exitosamente de democracia "revolucionaria", cuando en realidad fue una dictadura perfecta subordinada a los Estados Unidos, con presidentes reconocidos como agentes directos de la CIA. ¿Cómo lo será Delcy Rodríguez en Venezuela? Lo de los llamados regímenes "hijos de la Revolución" siempre ha sido una farsa teatral y una simulación magistral, perfeccionada durante décadas.


El régimen actual simula ser parte del socialismo del siglo XXI y se alinea públicamente con Cuba y Venezuela, usando la retórica revolucionaria para las masas, cuando en realidad se subordina por completo a los Estados Unidos en lo que realmente importa. Coquetea seductoramente con una base populista, presumiendo simpatía retórica con la izquierda progresista y China, pero al final se alinea obedientemente a los deseos de Estados Unidos, imponiendo dócilmente aranceles a las exportaciones chinas cuando Washington lo ordena.


El oficialismo en México usa hábilmente el disfraz de izquierda progresista mientras se subordina servilmente a los Estados Unidos de Trump, abandonando cualquier principio ideológico real. Es un régimen cercano ideológicamente a los republicanos conservadores y rechaza visceralmente a los demócratas liberales. Es un régimen a las órdenes del Washington de Trump, ya que de eso obtiene su supervivencia política y económica.


Hoy, el favorito a suceder en el poder del oficialismo es Omar García Harfuch, el llamado "superpolicía", visto con gran beneplácito por Washington y sus agencias de seguridad. Es claro que el oficialismo alentará cínicamente el romanticismo ingenuo de sus bases populistas, predicando fervientemente la izquierda en mítines y conferencias, cuando al final impulsará estratégicamente a Harfuch para lograr congraciarse con los Estados Unidos y garantizar su continuidad en el poder.


El oficialismo mexicano es capaz de traicionarse a sí mismo una y otra vez con tal de seguir manteniendo contento a Washington, sacrificando cualquier coherencia ideológica. Incluso está dispuesto a designar como candidato a Harfuch, lo que no es otra cosa que seguir con la línea de "hombres fuertes", mano dura, como se manejaron el ex presidente mexicano Felipe Calderón o Nayib Bukele en El Salvador. La militarización disfrazada de seguridad ciudadana. Lo que tanto criticó ferozmente el oficialismo durante años, será ahora su apuesta estratégica a futuro. "Meet the new boss..." otra vez, en un ciclo que parece no terminar nunca.


La historia se sigue construyendo cada día, cada minuto, cada segundo. Y cada día se acelera más y más de forma exponencial, vertiginosa, casi incomprensible. El mundo sigue dando vueltas y se acelera de forma casi caótica, impredecible, fuera de control. Estamos viviendo en tiempo real la reconfiguración violenta del orden mundial, el fin traumático de la era de la globalización y el nacimiento violento, sangriento, de un nuevo regionalismo autoritario fragmentado.


Bienvenidos a la nueva Guerra Fría, versión 2.0: más rápida, más caótica, más impredecible, más peligrosa. Donde las alianzas se rompen en 72 horas, donde los principios se negocian por esferas de influencia, donde los pueblos son sacrificados en altares geopolíticos mientras los poderes se reparten el mundo como un pastel.





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