Harmony Korine: El Futuro del Cine
David Lynch hablaba de su obsesión por hacer pinturas con movimiento. Pasó su carrera entera persiguiendo esa idea. Harmony Korine, con Aggro Dr1ft, llega al mismo lugar por una ruta completamente distinta: una cámara térmica infrarroja cómo instrumento principal. El resultado visual bien podría ser un cuadro de Henri Matisse en llamas, cobrando vida. No es una comparación menor.
Korine fue uno de los grandes provocadores del cine moderno. Él mismo ha confesado estar aburrido del medio. Aggro Dr1ft nace de ese hastío, de la necesidad genuina de buscar algo que todavía no existe. Y es extraña, muy extraña incluso para él.
La primera vez que vi un videojuego en casa de una compañera de primaria, mi mente de 6 años estalló. No podía entender cómo esos dibujos en la pantalla obedecían a un control manipulado por una persona en la habitación. Korine busca exactamente esa reacción. Su película es un videojuego, o es un videojuego que resulta ser una película. La línea entre los dos ya no importa.
Para muchos, Aggro Dr1ft es más una provocación que una expresión artística. Pero muchas provocaciones son expresiones artísticas, y confundir las dos dice más del espectador que de la obra. Quedé fascinado con el concepto. Entiendo que la intensidad de colores puede volverse abrumadora, pero Korine introduce una trama deliberadamente simple para contrastar ese caos visual. Es un equilibrio calculado, no un accidente. El uso de inteligencia artificial para algunos efectos resultará incómodo para mucha gente. Aun así, la IA aquí es un empleado de efectos visuales, no el autor. La imaginación de Korine ya hizo el trabajo pesado antes de que la tecnología entrara al cuarto.
Estoy convencido de que visionarios como Alejandro Jodorowsky o Rafael Corkidi habrían dado cualquier cosa por experimentar con estas herramientas. Que Jordi Mollà y Travis Scott se hayan prestado para semejante atrevimiento visual dice algo sobre el poder de convocatoria que tiene Korine.
La historia en sí parece una tomadura de pelo hasta que uno se detiene a analizarla en serio: un asesino a sueldo que quiere retirarse para estar con su familia recibe un último encargo, matar a una especie de demonio mafioso, porque el amor siempre triunfa. Korine construye esa historia usando cámaras térmicas, referencias a Scarface y Grand Theft Auto, la cultura bling bling de Miami, Twitch, los narcocorridos, máscaras al estilo Pussy Riot, el satanismo, los videos de hip hop y la subcultura incel. Todo junto, sin pedir permiso.
Hay antecedentes. Jean Luc Godard es el gran inspirador de este ejercicio de deconstrucción. El estilo visual opresivo de Gaspar Noé también está ahí, presente como una sombra. Aggro Dr1ft podría ser el Metal Machine Music del cine de Korine: una de esas obras que algunos amarán con locura y muchos odiarán a muerte. Eso es una forma de grandeza.
Si la generación YouTube está entrando al cine de terror tradicional, Korine está buscando ser el director que hable directamente con las audiencias de Instagram, TikTok y Twitch, más allá de las salas de cine. Alguien que no adapte el lenguaje del cine para esas plataformas, sino que lo destruya y reconstruya desde adentro. Pocos directores se han acercado de verdad a lo que sigue. Korine ya está ahí.



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