Anthrax: Agitaci贸n Entre los Vivos
No lo voy a discutir: 1986 fue el a帽o m谩s 茅pico en la historia del thrash metal. Ten铆amos el monumental Master of Puppets y el brutal Reign in Blood de Slayer. Dos discos tan distintos entre s铆 que cubr铆an todo el espacio imaginable dentro del g茅nero. Con esos dos 谩lbumes retumbando a todo volumen en mi cuarto, pensaba que ya no quedaba nada m谩s por hacer. Las cosas se complicar铆an para Anthrax, una de las bandas m谩s prominentes del thrash metal neoyorquino, que con un par de discos publicados apenas mostraba el potencial que llevaba dentro.
Anthrax sab铆a que no hab铆a futuro para una banda com煤n y corriente en aquel momento. Era el tiempo exacto para explotar al m谩ximo el rango de inquietudes musicales del grupo, sin mirar atr谩s. Ten铆an la influencia callejera y feroz de Bad Brains y Cro-Mags. Cargaban el peso 茅pico de Iron Maiden y Judas Priest. Como si eso no bastara, compart铆an el esp铆ritu del hard rock cl谩sico de Kiss y AC/DC, y adem谩s estaban conectados con la naciente escena hip hop de Nueva York que explotaba con Run-DMC y Public Enemy.
Las guitarras de Scott Ian sonaban con la urgencia de Bad Brains. La secci贸n r铆tmica ten铆a ese swing funk poco com煤n entonces en el metal. Dan Spitz disparaba sus solos como inspirado por Allan Holdsworth. Joey Belladonna quer铆a ser el Freddie Mercury del thrash. Que la banda insistiera en trabajar con Eddie Kramer, productor de Kiss, Led Zeppelin y Jimi Hendrix, no era otra cosa que un indicador m谩s de que Among the Living no ser铆a un disco cualquiera.
Anthrax era quiz谩 la banda m谩s ilustrada del g茅nero. Mientras grababan, le铆an con entusiasmo a Stephen King y a Charles Bukowski, y devoraban los c贸mics de Judge Dredd. Las sesiones de Among the Living estuvieron llenas de conflictos internos entre la banda y Kramer: ambos ve铆an el disco de forma distinta. Anthrax buscaba un sonido crudo y real, Kramer quer铆a hacerlos sonar como grandes rock stars.
Podemos agradecerle a Kramer haber empujado a Anthrax a crear uno de los discos con mayor sentido del ritmo y la cadencia en la historia del thrash metal. Ese pulso se convirti贸 en influencia directa para bandas que vendr铆an despu茅s, como Prong, Pantera, Rage Against the Machine e incluso Static-X. Mientras Metallica cantaba sobre la guerra y Slayer sobre Satan谩s, Anthrax aparec铆a con gorras, bermudas y tenis Vans, construyendo algo completamente nuevo dentro del g茅nero.
Joey Belladonna fue para m铆 un gusto adquirido. En ese entonces me entusiasmaban m谩s las voces de Tom Araya o James Hetfield, su estilo no era lo m铆o y por momentos me resultaba irritante. Sin embargo, ese mismo elemento tan disruptivo era precisamente lo que hac铆a a Anthrax tan 煤nicos: una tensi贸n constante entre la crudeza de su m煤sica y la sofisticaci贸n de su vocalista.
En 1986 todo parec铆a ya estar hecho en el thrash metal. Anthrax demostr贸 un a帽o despu茅s que no era as铆 y que quedaba mucho espacio para innovar. Con Among the Living no solo se abrieron camino a la sombra de los gigantes: los superaron en creatividad y abrieron una puerta que nadie imaginaba entonces, revolucionando a煤n m谩s a un g茅nero todav铆a joven.
Recuerdo que en aquella 茅poca la gente confund铆an el t茅rmino. Pensaban que era "trash metal" y no "thrash metal", y dec铆an: "S铆, claro, sigue escuchando esa m煤sica basura." No era basura: era agitaci贸n pura. Y Anthrax sab铆a exactamente c贸mo agitar la imaginaci贸n y una agitaci贸n mayor a煤n estaba por suceder unos a帽os m谩s tarde.



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