Es Peor
Es Peor
Macario Schettino
Taken From: El Financiero
Al discutir la desigualdad en México se corre el riesgo de
mezclar este tema con el fenómeno de la desigualdad en los países
industrializados, que se ha convertido en punto determinante en los procesos
políticos de esas naciones, por razones reales o imaginarias.
En el debate global acerca de la desigualdad, un elemento de
gran importancia es el famoso libro de Piketty, Capital en el Siglo XXI. No
todos los economistas coinciden con las ideas de Piketty, ni con todos sus
cálculos. El más reciente ejemplo es un trabajo de Bricker, Henriques, Krimmel
y Sabelhaus, publicado el 10 de marzo en los Brooking Papers (BP), en el que
concluyen que las estimaciones de Piketty y Sáez (PyS) acerca de la riqueza son
exageradas. De acuerdo con PyS, el 1% más rico en Estados Unidos habría pasado
de tener el 16% de la riqueza total en 1988 a tener 23% en 2012. De acuerdo con
BP, el movimiento habría sido de 16 a 18%. En referencia al 0.1% más rico, PyS
afirman que habrían pasado del 7 al 12% de la riqueza total en ese período. La
estimación de BP es que pasaron de 7 a 8%.
No es sólo que no haya consenso en las mediciones, sino que
tampoco lo hay en las causas del diferencial de ingresos y riqueza. Por
ejemplo, la capacidad que tiene la vieja riqueza de mantenerse parece haberse
reducido mucho, mientras que buena parte del diferencial ahora se explica por
los productos del trabajo: innovación, entretenimiento, comunicación. Con esto
no quiero decir que la desigualdad en los países industrializados no haya
crecido, sino que lo ha hecho mucho menos de lo que algunas estimaciones
indican, y que ese incremento puede deberse a transformación productiva, más
que a captura de rentas.
Pero esa discusión no es la nuestra. El problema de
desigualdad en América Latina, y específicamente en México, no tiene mucho que
ver con la innovación, la competencia, o los impuestos. Ayer le compartía cómo
es que nos convertimos en el continente más desigual del mundo. Y cerraba
afirmando que el problema de la desigualdad económica en México no es un
problema económico. Con esto me refiero a que la causa de nuestra desigualdad
es que hemos mantenido una sociedad estamental, racista, en la que además ha
campeado el capitalismo de compadrazgo, y no la competencia económica. Por eso
somos incapaces de generar riqueza, y de paso, conocimiento. Por eso la
prevalencia de esos prepotentes que ahora llaman “mirreyes” y hace unas décadas
calificábamos de “juniors”.
He insistido mucho en ello, y lo vuelvo a hacer: el problema
que tenemos es que no queremos considerarnos iguales. Por eso no queremos que
haya ley, porque eso implicaría que nos trataran de la misma forma a todos. Y
no estamos dispuestos a ello. Por eso cada uno, hasta donde puede, intenta
colocarse sobre los demás, para ser tratado diferente. Para tener privilegios,
es decir, su propia ley. Por eso decía que nuestro problema es peor de lo que parece.
Pobreza y desigualdad, en México, no son producto del
capitalismo, neoliberalismo, o alguna etiqueta similar. Es exactamente al
contrario. Nosotros arrastramos mayores niveles de pobreza y desigualdad por
nuestra resistencia a la modernidad: al imperio de la ley, a la competencia
económica, al impacto igualador de impuestos y gasto. Es decir que enfrentar
esos dos problemas requiere lo mismo: ley, competencia, y un Estado fuerte,
limitado, y responsable frente a los ciudadanos. El país de privilegios es, por
definición, el país de la pobreza y la desigualdad. Eso es lo que tenemos que
corregir.




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