Neurosis: Diez Años Después
Diez años. Una década entera de silencio. Para una banda como Neurosis eso no sorprende del todo porque el silencio siempre fue parte importante de su esencia. Lo que nadie esperaba era lo que vendría después.
Aaron Turner al frente. El hombre que durante décadas confesó abiertamente su devoción por esta banda. El mismo que construyó Isis, Sumac y Mamiffer mirando de reojo lo que Neurosis había hecho, llevando el metal pesado a sitios que nadie se atrevía a imaginar. Ahora Turner está adentro. Ahora es parte de la máquina. Y eso tiene un peso emocional que no se fabrica ni se finge.
Para quienes seguimos a Neurosis sin soltarlos nunca, esto también se siente como un sueño. Pero cuando le das play al disco, el sueño se rompe. Porque esto no suena a un sueño. Suena a una pesadilla. Una pesadilla hipnótica, lenta e inevitable, de esas de las que no puedes despertar porque una parte de ti no quiere hacerlo.
Desde los primeros segundos de We Are Torn Wide Open queda muy claro que gran parte de la esencia de Neurosis viene del hardcore punk, y Turner lo deja bien claro. Están todos los elementos de siempre: la abrasión escalofriante de Discharge, la densa lentitud sonora de Sleep, la brutalidad casi industrial de Swans, la densidad sludge de los Melvins, la épica elegancia de Earth. Todo eso está ahí, reconocible. Pero lo que Neurosis hace con esos materiales no es mezclarlos sino estirarlos hasta convertirlos en algo diferente, algo que nace de la tensión pura.
El post metal tiene sentido cuando hablamos de riffs brutales y estructuras poco convencionales que usan el ruido, el silencio, los espacios y la atmósfera para construir algo pesado que no suena a metal convencional. Neurosis rompe ese molde y lo redefine una vez más. La forma en que atacan sus instrumentos es calculada, paso a paso, con inteligencia y estrategia. Baterías que no solo llevan el ritmo sino que también dan color y añaden profundidad o velocidad a la mezcla.
Mirror Deep tiene elementos de sludge pero también se arropa en desviaciones psicodélicas que hacen aún más intrigante su sonido. Un vaivén de energía de la más oscura imaginable. Hay pasajes que recuerdan el twang de las guitarras de Earth, pero rápidamente se aproximan a algo que podríamos encontrar en el disco más bestial que Fugazi jamás grabó. Imposible imaginar un comienzo más poderoso que esos ritmos que van y vienen como duro oleaje y después se convierten en un oscuro océano de calma en medio del inmenso cosmos.
First Red Rays bien podría tener ciertos puntos en común con el Dopesmoker de los míticos Sleep. Su avanzar es lento y doloroso, un golpe muy duro, aunque su sonido poco a poco se va diluyendo y transformando en algo casi zen. Una bestia que muta y va mostrando matices asombrosos y épicos al mismo tiempo. Guitarras que pueden ser máquinas de funk, monstruos doom o diminutas luces devoradas por la oscuridad.
Blind es una de las piezas más épicas y esquizofrénicas del disco. Una joya que se niega a la clasificación fácil, con la banda desplegando tintes progresivos y una calidad instrumental que deslumbra, capaz de sostener una emotividad que genuinamente sorprende. Guitarras que repiquetean y ritmos lánguidos casi en plan Talk Talk o Godspeed You! Black Emperor.
Seething and Scattered es otro golpe directo al pecho: un poderoso diálogo sonoro que evoluciona desde las raíces más primitivas hasta un espectáculo realmente difícil de describir, dejando en claro el nivel intelectual que esta banda aplica en sus composiciones. Baterías que avanzan marcando el paso casi marcial, imposible de evadir, y guitarras que comienzan a arder como el fuego. Brillantes y sofisticadas al máximo.
Untethered muestra a la banda moviéndose con agilidad entre el punk rock de Fugazi y el sludge hipnótico de los Melvins. Imaginar una sola banda capaz de hacer esto es sencillamente extraordinario. Los géneros, dejémoslos de lado. Esto es música pesada y densa de primer nivel, con baterías que más que proporcionar ritmos proporcionan colores y matices diversos. Estamos ante una obra maestra.
Nadie lo vio venir. Nadie anticipó este regreso y mucho menos que sonaran así: tan afilados, tan vivos, tan peligrosamente presentes después de tanto tiempo en silencio. Lo que llega no es nostalgia envuelta en papel bonito. Es un puñetazo limpio. Para quienes ya los conocían y para quienes apenas hoy los están descubriendo, el impacto es exactamente el mismo.
Y entonces está el elefante en la habitación.
Scott Kelly no está. El líder original, la voz y la sombra detrás de tanto de lo que Neurosis fue, apartado tras problemas de comportamiento que dejaron una herida sin retorno. No es un detalle menor. Es una fractura real. Y aun así Steve Von Till, Jason Roeder y Dave Edwardson aguantan. Sostienen esa identidad que no se vende ni se negocia. Noah Landis, el tecladista, empuja la música hacia zonas más tensas, más densas, más incómodas que nunca. La banda no pierde peso con la ausencia. Al contrario: suena como suspendida en una nube de gas letal. Y esa imagen no es poética ni exagerada. Es exactamente lo que sientes cuando el disco te envuelve.
Se extraña la mano de Steve Albini. Ese sonido seco, directo, sin adornos que tantas veces capturó la verdad cruda de esta banda. Duele reconocerlo. Pero la vida no espera y el sonido tampoco se queda quieto. Lo que sí hay que decir es que la crudeza no la han perdido. Ni un gramo.
Last Light es una joya épica que deja claro cómo Neurosis sabe transformar el dolor en energía pura e irreprimible. Una banda de músicos sabios que no desperdician ni una nota, donde cada nota carga un peso emotivo descomunal. Con esas guitarras que pueden ser masivas y monumentales un segundo y al siguiente se convierten apenas en destellos minimales que apenas iluminan entre tanta oscuridad.
Hace apenas unas semanas estábamos hablando de Love Is Not Enough de Converge como uno de los discos de metal extremo más importantes del año. Ahora llega este otro golpe. Este año está siendo despiadado con nosotros en el mejor sentido posible.
An Undying Love for a Burning World llega en el momento exacto en que el mundo lo necesita sin saberlo. Neurosis no volvió para recordarnos lo que fue. Volvió para demostrar lo que sigue siendo. Y suena como siempre debió sonar un incendio: inevitable, total, sin escapatoria, avanzando lento al principio y arrasando todo después, sin que nada pueda detenerlo.



Comments
Post a Comment