La restauraci贸n de la vieja derecha revolucionaria
Por:
Roger Bartra
Tomado
de: El Pa铆s
M茅xico est谩 en v铆speras de que gane las elecciones
presidenciales la derecha revolucionaria. Esta situaci贸n parad贸jica –un
conservadurismo revolucionario– es el fruto de muchos decenios de alquimia
pol铆tica, durante los cuales el PRI logr贸 la transmutaci贸n de las corrientes
que emanaron de la Revoluci贸n de 1910 en expresiones claramente derechistas y
conservadoras. La derecha revolucionaria mexicana ha logrado colocar a su
partido, el PRI, y a su candidato a la presidencia, Enrique Pe帽a Nieto, a la
cabeza de las intenciones de voto. Hoy en M茅xico pocos dudan de que gane la
presidencia el partido del antiguo r茅gimen autoritario. Ser谩 una verdadera
restauraci贸n del poder tradicional de la vieja derecha revolucionaria, con su
pesada carga de corrupci贸n, cuya hegemon铆a fue rota en el a帽o 2000 por el partido
que en M茅xico representa a la derecha democr谩tica (el PAN).
Por supuesto, el triunfo del PRI no ser谩 el retorno al
r茅gimen autoritario que aplast贸 al pa铆s durante m谩s de setenta a帽os. Tampoco la
restauraci贸n en la Francia del siglo XIX –el modelo cl谩sico– fue un retorno a
la monarqu铆a absoluta: fue la instauraci贸n de una monarqu铆a constitucional con
un fuerte ingrediente parlamentario, en cuya base se encontraban por un lado
los ultraconservadores –que buscaban un retorno al absolutismo– y los liberales,
que fueron muy influyentes en el per铆odo de Luis XVIII (despu茅s vino un giro a
la extrema derecha encabezado por Carlos X).
La restauraci贸n priista tambi茅n se encuentra dividida
en varios fragmentos, pero no es dif铆cil observar que hay dos grandes polos:
los dinosaurios m谩s duros, que sue帽an con un retorno al viejo r茅gimen, y los
tecn贸cratas modernos, con inclinaciones democr谩ticas y una disposici贸n a
adaptarse a los nuevos tiempos. Es dif铆cil ubicar a Enrique Pe帽a Nieto en este
espectro pol铆tico: su rancia ret贸rica y algunas de sus propuestas (como la
eliminaci贸n de la proporcionalidad en los procesos de representaci贸n) lo
colocan en el extremo duro y antiguo. Pero varios pol铆ticos clave de su entorno
pol铆tico pueden ser calificados como operadores del ala tecnocr谩tica flexible
dispuesta a aceptar las reglas del juego democr谩tico.
Hay que comprender que el PRI es una expresi贸n de la
derecha desde hace muchos a帽os. No debe sorprender que en M茅xico mucha gente
asocie la idea de revoluci贸n con actitudes conservadoras. La revoluci贸n, en
M茅xico, se ha convertido en un mito reaccionario que invita a mirar hacia
atr谩s, a un pasado imaginario y fundacional que no es m谩s que el s铆mbolo de una
pesada herencia autoritaria. Parad贸jicamente, la revoluci贸n tambi茅n fue –y contin煤a
siendo– un s铆mbolo de estabilidad, gobernabilidad y eficacia. Las corrientes
“revolucionarias” se presentan, m谩s que como portadoras de cambios, como los
guardianes de una caja de Pandora que contiene los demonios del M茅xico
profundo, del M茅xico que cobija impulsos revolucionarios sangrientos y
violentos. Los revolucionarios son vistos por muchos como los due帽os de las
llaves de esa caja llena de tempestades; son quienes aseguran que esa caja no
se abrir谩. A fines del siglo XX estos mitos se debilitaron y la sociedad
mexicana logr贸 por fin abrir un proceso de transici贸n, cuando apoy贸 a Vicente
Fox, un personaje curioso y patoso que logr贸 convertirse en el representante de
la derecha democr谩tica y ganar la presidencia.
Como en el resto de Am茅rica Latina, la democracia
lleg贸 a M茅xico por la derecha. Y hay que subrayar que desde entonces la mayor
parte de los ciudadanos se ha definido como de derecha. Una encuesta nacional
de valores (auspiciada por la revista Este Pa铆s) mostr贸 que en 2010 se
declaraba conservadora la gran mayor铆a (54 %) y s贸lo una quinta parte manifest贸
ser progresista (el 26 % se coloc贸 en un lugar intermedio). Otra encuesta m谩s
reciente, hecha por el diario Reforma en junio de 2012, revela que casi la
mitad (46 %) se considera de derecha, el 22 % de centro y apenas el 14 % de
izquierda. Lo m谩s sintom谩tico es que la mitad de los que se consideran de
derecha apoyan a Enrique Pe帽a Nieto y casi la quinta parte a Andr茅s Manuel
L贸pez Obrador, los dos candidatos presidenciales postulados por partidos que
proclaman ser “revolucionarios”.
En este contexto, el retorno del PRI representa un
serio peligro de restauraci贸n. Habr谩 una presidencia apuntalada por m谩s de
veinte gobernadores priistas, por organizaciones sindicales muy poderosas, por
los monopolios de la televisi贸n, por amplios sectores empresariales y por un
elevado n煤mero de senadores y diputados. Este conglomerado puede convertirse en
una poderosa maquinaria pol铆tica que, acorazada por grupos corruptos, empuje al
pa铆s m谩s por el camino de una restauraci贸n al estilo ruso que por un retorno a
la hegemon铆a del viejo aparato nacionalista revolucionario. Sin embargo, no es
seguro que el nuevo presidente desarrolle una personalidad similar a la de
Vladimir Putin, aunque los ingredientes para un giro autoritario est谩n
presentes a su alrededor. A diferencia del l铆der ruso, que proviene de los
servicios de seguridad, contrainteligencia y vigilancia (herederos del KGB), el
pol铆tico mexicano parece un gal谩n escapado de una telenovela y dedicado a la
burocracia.
Pero, afortunadamente, tambi茅n est谩n presentes otros
factores, como por ejemplo las profundas fracturas en el seno del PRI, un
nacionalismo endeble y debilitado, una sociedad civil alerta y vigilante, una
extensa intelectualidad hostil al PRI, algunos medios de comunicaci贸n cr铆ticos
e independientes, la presencia de partidos pol铆ticos fuertes y un contexto
internacional poco amigo de las soluciones autoritarias. Todo ello se a煤na a la
existencia de dispositivos que garantizan la pluralidad y un juego electoral
transparente y efectivo. Estos elementos pueden impedir que la restauraci贸n
desemboque en formas duras o al menos frenar las tendencias m谩s autoritarias.
Otro freno de gran importancia podr铆a ser –cosa
probable– el hecho de que el PRI ganase con un porcentaje menor al que prev茅n
muchas encuestas, y que en consecuencia careciese de mayor铆a absoluta en el
poder legislativo. Ello abrir铆a las puertas a un per铆odo de intensas
negociaciones que permitir铆a que las fuerzas pol铆ticas perdedoras demostrasen
su habilidad y su inteligencia para sobrevivir y, sobre todo, para defender los
logros de la transici贸n democr谩tica.
Desgraciadamente ello no ocurri贸 durante el sexenio
que termina, pues ni el PRI ni los populistas de la izquierda comprendieron la
importancia de ejercer una oposici贸n de alto nivel, m谩s all谩 de sus intereses
electorales coyunturales. La calidad de los partidos pol铆ticos se demuestra
muchas veces m谩s en su desempe帽o como oposici贸n que en su ejercicio del poder.
La izquierda se empe帽贸 en vanos y absurdos esfuerzos por crear una crisis de gobernabilidad,
para derribar la presidencia de Felipe Calder贸n. No lo logr贸, y s铆 en cambio
logr贸 un desgaste inmenso que rebaj贸 su fuerza electoral. El PRI como
oposici贸n, por su lado, bloque贸 toda reforma importante (energ茅tica,
hacendaria, laboral) para no dar fuerza y legitimidad al partido gobernante.
Logr贸 desprestigiar al PAN y avanzar electoralmente a costa de retrasar el
desarrollo del pa铆s.
Esto significa que sobre los partidos que queden en la
oposici贸n recae una gran responsabilidad. Ellos podr谩n frenar o incluso impedir
que la restauraci贸n del poder priista se convierta en una pesadilla pol铆tica.



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