Cuando el Infierno se Congela

 


The Black Phone no fue solo una de las mejores pel铆culas de terror de los 煤ltimos a帽os: fue una puerta de entrada a un tipo de miedo que cre铆amos extinto. Scott Derrickson captur贸 algo que nadie m谩s se atrevi贸 a tocar, esa paranoia visceral de finales de los 70s y principios de los 80s, cuando la desaparici贸n de Adam Walsh convirti贸 a cada vecindario en territorio hostil y cada s贸tano en una tumba potencial. Basada en la historia de Joe Hill, la pel铆cula hered贸 el ADN literario de Stephen King pero lo transform贸 en algo propio, algo m谩s cruel. Cuatro a帽os despu茅s, The Black Phone 2 regresa con una premisa que desaf铆a toda l贸gica del g茅nero: Finney y Gwen Blake deben enfrentar a The Grabber nuevamente, pero esta vez el asesino los acosa desde el infierno mismo, revelando finalmente la verdad sobre la muerte de su madre.


Aqu铆 es donde Derrickson hace algo que pocos directores logran: redefine el infierno. Olvida las llamas b铆blicas y los demonios con tridentes. En su universo, el infierno es un campamento alpino sepultado bajo una tormenta de nieve, un lugar de aislamiento absoluto donde el fr铆o no mata, paraliza. La premisa se alimenta de tres pilares fundamentales del terror ochentero: The Shining de Kubrick, A Nightmare on Elm Street de Craven y Friday the 13th de Cunningham. Tenemos el claustrof贸bico aislamiento invernal, la invasi贸n on铆rica de un asesino muerto y el escenario del campamento como matadero adolescente. Derrickson no oculta sus influencias, las exhibe como trofeos. Y funciona porque no se trata de plagio sino de alquimia: toma estos elementos y los recombina hasta obtener una historia que sorprendentemente alcanza el nivel de la primera pel铆cula.


Pero hay un giro. Mientras la cinta original navegaba las aguas turbias del universo King, esta secuela bebe de otra fuente igual de oscura: el giallo italiano de Dario Argento. El tratamiento visual es magistral, con ese colorido saturado y esa textura casi t谩ctil que recuerda inmediatamente a Suspiria y Profondo Rosso. Derrickson no hace tributo, hace transfusi贸n de sangre. La banda sonora, construida sobre sintetizadores pulsantes, completa la atm贸sfera y convierte cada escena en una pieza de museo del horror estilizado. Es cine que se siente, no solo se ve.


Ethan Hawke regresa como The Grabber, el personaje ya no es solo un villano, es un icono del terror moderno que se coloca junto a Freddy Krueger y Jason Voorhees. Hawke entiende que la verdadera amenaza no est谩 en los gritos sino en el silencio, en la m谩scara que oculta la decadencia humana, en la voz que susurra. Mantiene la m铆stica intacta mientras expande la mitolog铆a del personaje, demostrando que algunos monstruos mejoran con la muerte.


The Black Phone 2 se suma a la extraordinaria cosecha de pel铆culas de terror que hemos presenciado este a帽o, una prueba contundente de que el g茅nero ha evolucionado hacia formas sofisticadas y complejas que nada tienen que envidiarle al drama o la ciencia ficci贸n. El terror ya no se conforma con sustos baratos. Ahora construye mitolog铆as, explora traumas, confronta demonios internos y externos. El cine de terror se ha convertido en una especie de drama psicol贸gico sofisticado que sacude brutalmente, pero que tambi茅n conmueve. Derrickson lo sabe y por eso su cine duele, porque entiende que el verdadero horror no est谩 en lo que vemos sino en lo que reconocemos de nosotros mismos. En lo que sabemos que alguna vez estuvo cerca, demasiado cerca, esperando al otro lado del tel茅fono negro. Y cuando ese tel茅fono vuelve a sonar, ya no puedes ignorarlo.

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