Hasta que la muerte nos separe
Hasta que la
muerte nos separe
“En algún artículo
leí que la tecnología nos estaba haciendo imbéciles, sin internet nos paralizamos,
sin celular no sabemos cómo actuar, sin GPS nos perdemos, antes no los
teníamos, ¿Cómo le hacíamos pues?”
Erreh Svaia
Por: Josefina Vazquez
Mota
Tomado de: http://www.elfinanciero.com.mx/
Por supuesto que estoy hablando de nuestro teléfono celular.
De acuerdo a Consulta Mitofsky en nuestro país, 3 de cada 4 usuarios de celular
dicen que duermen con él en la mano, casi 7 de cada 10 lo lleva al cine, un 48
por ciento lo lleva al baño, el 8 por ciento reconoció que revisa los mensajes
de su celular al menos cada 10 minutos, y de acuerdo a Cofetel el 85 por ciento
de los mexicanos tiene un dispositivo móvil.
Por supuesto creo en el poder y el valor de la tecnología,
su efecto sobre productividad es evidente y extraordinario. Pero eso no debe
llevarnos a confundir, trabajo con educación. Cuando observo las nuevas maneras
de entretener a los niños enchufándolos a un dispositivo móvil; cuando en las
reuniones de familia el protagonista ya no es quien tenemos frente sino el
celular que tenemos cerca; cuando escuchar el timbre del teléfono con una
llamada nos sorprende, porque lo de ahora son los mensajes y ya no las voces;
saber que la causa más importante de accidentes viales es por el uso del
celular, cuando quien conduce se siente tan hábil como para mandar mensajes o
hablar al mismo tiempo; cuando los niveles de angustia crecen a rangos
insospechados por la pérdida de nuestro teléfono, así sea unos segundos, y ya
ni hablar del irreparable dolor y estrés si lo olvidamos en casa o si la pila
está a punto de agotarse, es claro entonces que padecemos de nuevas adicciones
y formas de esclavitud, pero también de nuevos desafíos en materia de
productividad.
¿Cuánto de nuestro tiempo y de nuestra calidad de vida se
desperdicia con este abuso?
El 70 por ciento de los mexicanos con un dispositivo móvil,
realizan actividades de entretenimiento, y quienes tienen acceso a Internet pasan
en promedio tres horas navegando durante el día. Cada 11 minutos, demuestra
Gloria Mark, experta informática, somos interrumpidos por teléfono, correo,
información o colegas.
Algunas investigaciones reportan que el juego llamado candy
crush, actualmente tiene más de 150 millones de usuarios mensuales en el mundo
y de ellos cerca de 54 millones juegan a diario.
En nuestra calidad de vida los daños no son menores. Los
mensajes se revisan de día, pero hay quienes lo hacen también de noche. De
acuerdo al informe de Fundación Telefónica 2015, el 87 por ciento de los
españoles no se separa nunca de su móvil y lo consulta hasta 150 veces al día.
La autoestima se pone en riesgo cuando comprobamos que nuestro emisario ha
leído el mensaje que le enviamos y no obtenemos su inmediata respuesta, peor
aún si los mensajes compartidos no reciben un “me gusta” o nadie más los
retuitea.
De acuerdo a cifras de la Cruz Roja Mexicana, escribir un mensaje
de texto mientras se maneja un automóvil se convirtió en el año 2014 en la
principal causa de accidentes viales, incluso más que conducir en estado de
ebriedad.
En las juntas de trabajo hay una permanente tensión entre
escuchar lo que ahí se dice y a la vez atender los reclamos del celular; en las
conversaciones cotidianas suele haber este invitado a quien sumisamente
atendemos sin importar dejar con la palabra en la boca a nuestro interlocutor y
un sin fin de símbolos han sustituido el uso del lenguaje.
Al escribir estas líneas pregunté a algunas personas si les
generaría más angustia perder su celular que tener un conflicto con sus
parejas, y la mayoría respondió que por supuesto lo del celular sería más
grave.
Este pequeño objeto poderoso para facilitarnos la vida, para
ayudarnos a estar más cerca, ser más productivos y tener un mundo de
información en nuestras manos con respuestas inmediatas, si no aprendemos a
manejarlo, terminaremos por convertirlo en nuestro dictador y tendremos en
nuestras manos ese objeto que nos enajena, nos separa, nos aleja de los
cercanos, nos atrapa cada instante y también nos mantiene con la cabeza baja y
nos impide levantar la mirada para ver a los otros y ver también la realidad
que nos rodea y no sólo esa realidad que hemos construido y creemos dominar de
día y de noche.
Hay propósitos que exigen de velocidad en las respuestas,
pero hay muchos otros que requieren de paciencia, disciplina, un gran esfuerzo
y dedicación. El abuso del celular tendrá que considerarse si queremos mayor
productividad y a la vez también, recuperar pedazos de vida y de humanidad.
Por lo pronto, revise si su celular sigue en sus manos.



Comments
Post a Comment