¿Es éste el Roger Waters que Realmente Queremos?
¿Es éste el Roger Waters que Realmente Queremos?
Por: Erreh Svaia
Dispersión Caprina
Musicalmente es imposible para mi negar el enorme peso de
Roger Waters en la visión de la legendaria banda Pink Floyd y la obvia
influencia de éstos en la música contemporánea, su maestría en la concepción de
discos conceptuales carece de un rival cercano, a partir de la salida del miembro
fundador, Syd Barrett, Waters tomó la batuta y a partir de la decadencia emocional
de Barrett, convirtió a la banda en una suerte de exploradores del subconsciente
humano a través de la música, así surgieron discos como el ya clásico y popular
Dark Side of the Moon, del año 1973, en el cual desde su portada se aborda la
visión oscura de la fragmentación del subconsciente, Waters se adentra cual psico
nauta a explorar las devastaciones circunstancias que fueron minando la mente
de Barrett, dos a{os más adelante vendría, el que para mi gusto es uno de los
mejores discos de la banda, Wish You Were Here, alejando de las tendencias
megalómanas del mismo Waters, Wish You Were Here se convierte en una oda a la
melancolía y a la ausencia de, nuevamente, Syd Barrett, además de las emociones
humanas desbordadas siempre cercanas al filo de la locura, pero para Animals de
1977, el marco conceptual de Waters da un giro, y a través del uso de animales
como metáfora para las clases sociales se acerca al Animal Farm de George Orwell,
y a partir de éste punto se convierte en el indiscutible líder del grupo.
Para el siguiente clásico, The Wall de 1979, Waters se
acerca al máximo a teorías como la alienación social, tocando de manera
tangencialmente teorías que parecerían cercanas a las de Karl Marx, un concepto
que habla de barreras emocionales, de megalomanía, de adicciones, fascismo y si
más locura provocada por la vida moderna, ya para 1985, Waters había abandonado
Pink Floyd, y se embarcaría a en una mediocre carrera solista sin muchos puntos
sobresalientes, pudiéramos afirmar que después del The Final Cut de 1983, la
musa inspirativa abandonó a Waters, y a partir de ahí, Waters se convertiría en
una parodia de si mismo, en un personaje que hace giras en “homenaje” a Pink
Floyd, creando música nueva carente de relevancia y repasando una y otra vez
sus viejos temas de los discos clásicos de Pink Floyd, en gran parte, sus temas
con la clásica banda eran una introspectiva y oscura visión personal del mundo
alrededor, pero curiosamente en los últimos años, además de la irrelevancia
musical de su carrera solista y la descarada explotación una y otra vez de sus
viejos clásicos, Waters ha buscado imprimir una fuerte dosis de política en sus
presentaciones en vivo, Waters ha entendido bien el fenómeno de los últimos tiempos
dentro del mundo musical, crear discos ya no parece de gran interés para él,
las presentaciones en vivo se han vuelto su forma de subsistencia y obviamente
ha buscado ligar sus viejos temas a un contexto actual con el fin de mantenerlos
relativamente y poder explotarlos nuevamente ante las nuevas generaciones.
Claro que hay bandas que hoy en día se sumergen en el oscuro
y helado océano de la alineación descubierto por Pink Floyd de la mano de
Waters, no es casualidad los conceptos musicales desplegados por gente como
Radiohead, Nine Inch Nails, Tool o Muse que nos hablan en un mismo nivel de críptica
critica social al nivel de Waters, tal vez lo que está fuera de lugar sean las
estridentes declaraciones recientemente hechas en giras de Waters contra Israel,
Donald Trump, el Neoliberalismo o Jair Bolsonaro, claro, no dudo que como
cualquiera, Waters tiene su opinión al respecto, pero desde mi punto de vista resulta
denigrante y desesperadamente oportunista utilizar un show basado en los clásicos
de la banda para conectarlo de manera tan directa con la situación política en
el mundo, Waters cae fácilmente en una dinámica “faux” y queda a merced total
de las teorías de conspiración tan en boga en éstos días, Waters suena por
demás forzado en éstas diatribas, Rage Against The Machine, o Ministry, ciertamente
no es, no podría serlo, a pesra de que hay que reconocer que trató con su más
reciente Is This The Life We Really Want? Disco que trata de conectar el viejo
espíritu de los Pink Floyd con la incendiaria visión actual de Roger Waters,
aunque sin mucho éxito, o quizá sea un intento por capturar esa “ironía” de la
que tanto hablaba Bono cuando abandonaron su sobriedad inicial por la
estridencia postmoderna, no pongo en duda que Waters haya sido pionero en
tratar temas como la pérdida de poder (vigente hoy en día sin duda), la pérdida
de significado o propósito, la “asfixiante normalidad”, las relaciones
personales, la pérdida de identidad, el aislamiento social y la misma
alienación política, no habría un mejor momento para que Waters creara una obra
maestra contemporánea, pero al parecer él prefiere permanecer en su zona de
confort, esconderse tras su vieja música, proyectores gigantes y show de luces,
y eso sí, soltar una que otra declaración estridente para sentirse que puede
influir de alguna manera en la dinámica global de hoy en día.



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