¿Orgullo o Vergüenza?



¿Orgullo o Vergüenza?

“¿Cuando has visto un limosnero mexicano en EUA?"
Alejandro González Iñárritu

Por: Erre Svaia
Detesto ser el aguafiestas, el que se queja de todo, el que no ve los mismos motivos de los demás para festejar, pero me niego a compartir una visión tan parcial de algo, una visión tan engañosa cuyo único fin distorsiona una realidad que no quiero para México y que siento que nos urge cambiar lo más rápido posible.

No me malinterpreten, celebro infinitamente el triunfo de González Iñárritu en la pasada ceremonia de los Oscares, es un triunfo monumental que merece un fuerte aplauso de pie y una reverencia total ante el magistral trabajo de Iñárritu y de una película que no he dejado de alabar desde que la vi, y no sólo eso, ya que de igual manera reconozco la genialidad de Lubezki a cargo de la fotografía, una muestra más del trabajo del mejor fotógrafo de cine que existe actualmente en el mundo.

Y eso no es todo, recuerden que también aquí habíamos hablado ya de la maravillosa cinta de acompañamiento compuesta por el también mexicano Antonio Sánchez, Si hasta aquí, no acabo de deshacerme en halagos hacia esta cinta, entonces ¿De qué me quejo? Me quejo de lo mismo que me molesta respecto a Hugo Sánchez, respecto a Alfonso Cuarón o a Rodrigo y Gabriela, triunfadores absolutos e indiscutibles, cuyo éxito mientras estuvieran en México hubiese sido imposible, pero cuyo talento se disparó exponencialmente gracias al momento en que decidieron emigrar del país y probar suerte en otros lugares.

Apladudo infinitamente el talento de Iñárritu, de Hugol, de Muñoz y de R y G, pero repudio infinitamente un país con un sistema que no permite el crecimiento de los emprendedores, un país que reprueba la creatividad, el deseo de ser diferente y original, el deseo de ser independiente e innovador y un país tan aterrado del fracaso, que prefiere quedarse inmóvil en lugar de actuar, me irrita que estemos en un país hundido en la mediocridad, en dónde una película como Birdman, o Gravity nunca hubieran podido suceder dentro de nuestras fronteras, un país con una liga de futbol mediocre, que para que sus jugadores crezcan, deben salir al extranjero, un país que no permitió a innovadores como Jordi Muñoz, ver volar sus ideas y convertirse en el emprendedor de categoría mundial que es hoy, en el mundo de los drones, un país en dónde la música instrumental de Rodrigo y Gabriela no es apreciada, a pesar de ser infinitamente admirada a nivel mundial.

¿Debemos sentirnos orgullosos del triunfo de Iñárritu? ¡Por supuesto! Tener un director de cine de clase mundial nos pone al nivel de los EUA, Francia, Alemania o India, pero el no tener una industria cinematográfica a nivel del talento de Inárritu, es para sentirnos avergonzados, para darnos cuenta que los sueños del mexicano creativo no encuentran suelo fértil en su propio país, y que estas semillas deben ser plantadas en el suelo ajeno, y de eso, de eso no podemos sentirnos orgullosos, por el contrario, debemos entender algo que cada vez queda más claro, nuestros gobiernos no han creado condiciones para la innovación, para el progreso, para el arte y la creatividad.

Si México posee un potencial poblacional privilegiado, una posición geográfica envidiable, vastos recursos naturales ¿Por qué no somos la potencia mundial a la que estamos destinados desde hace mucho a convertirnos? ¿En manos de quien estamos que se cortan las alas del progreso y se desangra al atrevido, al emprendedor o al innovador, poniéndolo mil trabas para crecer, o castigándolo fuertemente cada vez que fracasa, olvidando que de los fracasos siempre se aprende? Dicen que el que nada hace, nunca se equivoca, y pareciera que en México no queremos equivocarnos nunca, por eso preferimos vivir en un país estancado, inmóvil, discapacitado.

El triunfo de Iñárrirtu y de otros mexicanos es y será siempre un motivo de orgullo, pero es una bofetada también a un sistema que no permite que esos triunfos sean cien por ciento consecuencia de algo originado en el país, ¿Hasta cuándo podremos sentirnos orgullosos de tener un Mark Zuckerberg, un Steve Jobs, un Bill Gates o un Pep Guardiola hecho en México, consagrado en su tierra? Y de ahí, ¿Porque no? Exportado al mundo. 

¿Por qué los únicos fenómenos mundiales que somos capaces de engendrar y madurar en el país son traficantes fuera de la ley, o empresarios que asfixian y arrastran al país a la mediocridad mediante sus prácticas monopólicas, exhibiendo un sistema de castas, un sistema enfermo que no permite crecer y florecer? ¿Hasta cuándo podremos hablar de verdad, de un orgullo nacional hecho realmente en México?
      

   

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