México: Del Orden Autoritario al Caos Criminal
No voy a salir con la cantaleta de que antes estábamos mejor, porque no es verdad. Creo firmemente que los tiempos han mejorado, que en muchos aspectos las cosas han avanzado y, en general, estamos mejor que antes.
Sin embargo, hay cuestiones que no evolucionan, que no progresan, que se han quedado atrás por errores, malas decisiones o problemas que no fueron atendidos correctamente en su momento. Y esos errores, como bien dicen, tienen causas identificadas, responsables con nombre y rostro.
Sí, México vive tiempos complejos en materia de seguridad. Da la impresión de que al gobierno se le ha salido todo de las manos, como si la crisis ya no estuviera bajo su control. Llevamos décadas sufriendo violencia que antes se limitaba a ciertas zonas y que hoy se ha generalizado en todo el país. Ya no son hechos aislados, sino una guerra no declarada contra el crimen organizado.
El problema, en mi opinión, se remonta a muchos años atrás, cuando México vivía bajo lo que podríamos llamar una dictadura blanda. No una dictadura militar clásica, sino el viejo PRI, el PRI que lo controlaba todo. Como bien lo describieron alguna vez, era una "dictadura perfecta": un sistema sofisticado donde el poder se reciclaba cada seis años bajo la ilusión de democracia. En realidad, era un régimen donde un solo partido tomaba todas las decisiones, fabricaba una oposición ficticia y silenciaba brutalmente a quienes se le oponían.
Durante esos años, el narcotráfico operaba bajo el control del Estado. No se trataba de un enfrentamiento, sino de una relación estructurada donde el narco seguía las reglas impuestas por el gobierno. No digo que fuera bueno o malo, pero así funcionaba. Sin embargo, cuando el PRI empezó a debilitarse en los años 90 y finalmente perdió el poder en el 2000, también se perdió esa disciplina brutal con la que se mantenía a raya al crimen organizado.
El narcotráfico dejó de ser un subordinado del Estado. Con la alternancia política, los cárteles aprovecharon el vacío de poder para negociar con cada nuevo gobierno estatal y federal. Ya no había una línea de mando clara ni un control centralizado. México dejó de ser una dictadura de partido único y se convirtió en un país con alternancia política, lo cual fue positivo en muchos sentidos, pero desastroso en términos de seguridad.
Con la llegada del PAN al poder, la situación se descontroló aún más. El narcotráfico ya no buscaba obedecer, sino pactar, negociar y, lo más alarmante, ponerse al mismo nivel que el gobierno. Durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, el Estado perdió completamente el dominio sobre el crimen organizado. La llamada "guerra contra el narco" no fue una estrategia planificada, sino una reacción desesperada ante un enemigo que ya no estaba bajo control.
Hoy, el problema ha escalado a un nivel aún más peligroso. Morena no solo pactó con el narco para llegar al poder, sino que se subordinó por completo a él. Ya no estamos hablando de un gobierno que negocia con el crimen organizado, sino de un gobierno financiado por el crimen organizado. El dinero del narco fue clave para que Morena creciera y conquistara el poder en tiempo récord.
¿Por qué tanta resistencia a enfrentarlos? ¿Por qué "abrazos, no balazos"? ¿Por qué esas visitas a Sinaloa para saludar a familiares de capos? La respuesta es obvia: el gobierno no puede combatir a quienes lo financiaron.
Por eso, incluso desde Estados Unidos, se ha denunciado que México es hoy un narcoestado. Hemos pasado de un sistema donde el crimen organizado trabajaba para el gobierno, a otro donde el gobierno se asoció con el narco, y finalmente a un escenario aún más grave: un gobierno sometido al narco.
¿Cuál es la solución? No es fácil decirlo. Un gobierno fuerte, con un mando único y disciplina, podría ser una respuesta, pero ese no es el gobierno que tenemos hoy. Hoy, el poder está en manos del crimen organizado, y mientras sigamos en esta dinámica, será imposible recuperar el control del país.
Karl Marx decía que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. Morena es la parodia del viejo PRI: ha recuperado lo peor de aquel régimen sin conservar lo poco que tenía de funcional. Y mientras el crimen organizado sea quien realmente manda, México seguirá atrapado en una espiral de violencia de la que no será fácil salir.
La gran pregunta es: ¿qué hará el gobierno cuando sus verdaderos patrones, los cárteles, le den una orden contraria a los intereses de Estados Unidos? ¿A quién obedecerán? ¿A quienes los financiaron o a quienes pueden destruirlos en un instante?
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