Van der Graaf Generator: El Secreto Mejor Guardado del Rock Progresivo



Cuando se habla de rock progresivo, es inevitable mencionar a King Crimson, Pink Floyd, Yes, ELP, Rush y Genesis. Todas ellas son bandas que disfruto enormemente. Sin embargo, debo confesar que mi corazón siempre ha estado con Van der Graaf Generator. La legendaria banda inglesa, encabezada por Peter Hammill, sigue siendo mi favorita cuando se trata de explorar los pasajes más oscuros y remotos del universo.

Ya de entrada, su nombre es un desafío para la memoria de muchos, pero para mí es inolvidable. Aunque con el tiempo se reduciría simplemente a Van der Graaf, su esencia jamás se diluyó. Como cada banda mencionada, VdGG tiene un sonido inimitable, una anomalía dentro del progresivo. Y la voz de Peter Hammill es su mayor distintivo: desafiante, majestuosa, explosiva. Pocos vocalistas han alcanzado tal nivel de expresividad, y no es casualidad que artistas como Robert Plant, David Bowie, Klaus Dinger, John Lydon, Ronnie James Dio, Bruce Dickinson y Joe Strummer lo tengan en un pedestal.

Pero Hammill no estaba solo. Guy Evans, sin bajista que lo respalde, llenaba la mezcla con una batería demoledora. Pocos en el género tenían su potencia. Luego estaba David Jackson, un maestro del caos que con su saxofón incendiario canalizaba la furia del free jazz, rivalizando con Hammill por el protagonismo. Y finalmente, Hugh Banton, un coloso de los teclados, cuyo virtuosismo cimentaba el telón de fondo para las épicas batallas sonoras de la banda.

En 1971, Van der Graaf Generator lanzó su obra maestra indiscutible: Pawn Hearts. Un disco colosal. Si alguien me dice que Pawn Hearts no es un pilar del rock progresivo, debería ir a revisarse con un médico. Desde la primera nota, el genio de Hammill y Banton se despliega sin rival. "Lemmings", la pieza de apertura, no es cualquier canción: es un viaje nihilista sobre el suicidio colectivo de la humanidad. Sí, VdGG nos arrastra por lo más oscuro del espacio. Banton nos guía lenta pero inexorablemente hasta lanzarnos en caída libre dentro de la locura de Hammill y Jackson. Pocas bandas en el progresivo han logrado tal intensidad, y su influencia se extiende incluso al punk y al post-punk, con nombres como The Stranglers, Public Image Ltd y Magazine recogiendo su espíritu transgresor.

Luego está "Man-Erg", otra obra maestra. Evans al piano, Hammill omnipresente con su voz. La elegancia de Evans nos marca el paso, acelerando y frenando, hasta que Jackson nos sumerge en un torbellino sonoro que recuerda a los King Crimson más desatados o a los Procol Harum más barrocos. Aquí, la intensidad legendaria de VdGG se desborda. Es un huracán sonoro que recuerda a Deep Purple, Roxy Music y The Velvet Underground en su versión más salvaje. Y como si fuera poco, Robert Fripp, amigo cercano de la banda, aparece con una participación especial.

Pero la joya de la corona es "A Plague of Lighthouse Keepers". Un relato de horror cósmico, con ecos de H.P. Lovecraft, sobre un farero atrapado en su propia desesperación, incapaz de salvar a los náufragos y viéndose a sí mismo como el siguiente en caer. La magia de Evans nos transporta a los pasajes más oscuros de The Doors, mientras que Hammill, en una interpretación casi teatral, da vida a cada faceta de esta historia aterradora. Junto con "Man-Erg", es una de las cimas absolutas de VdGG.

A pesar de no alcanzar el éxito comercial de Dark Side of the Moon o The Lamb Lies Down on Broadway, Pawn Hearts es uno de los discos imprescindibles del rock progresivo. Es oscuro, sí. Es estridente, también. Y demuestra que el género alcanza su mayor esplendor cuando sube el volumen y deja fluir la intensidad. VdGG dejó una marca imborrable, influenciando el futuro más experimental del progresivo con bandas como The Mars Volta y Coheed & Cambria.




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