Youth of America: El Punk que Nadie Quiso, pero Todos Necesitaban



Me identifico profundamente con The Wipers, el proyecto musical de Greg Sage que nació a finales de los 70. Sage fundó la banda en Portland, un lugar en el que pocos hubieran imaginado el nacimiento de un sonido punk auténtico. Para 1977, los pioneros del género, como los Ramones y los Sex Pistols, ya habían firmado con grandes disqueras. La fama les llegó rápido: los Pistols solo grabaron un disco antes de autodestruirse, mientras que los Ramones lanzaban álbumes de corta duración con canciones que apenas superaban los dos minutos. Sage llegó tarde al punk, pero lo hizo con una visión clara y con sus propias reglas.

Los Wipers no serían una banda de giras interminables. Solo grabarían en estudio. Publicarían 15 discos en una década, siempre con disqueras independientes. Sus canciones, lejos del estándar punk, a veces se extendían hasta los diez minutos.

Llevo más de 20 años escribiendo en línea. Nunca fue por popularidad. Escribo porque quiero, sobre lo que me interesa y sobre lo que rara vez encuentro en revistas, libros o internet. Mi idea siempre fue hacerlo con intensidad y constancia, no como esos escritores de internet que publican una vez por semana, cada quince días o al mes. Yo quería escribir todo el tiempo. Sin encasillarme en un nicho. Sin fórmulas predecibles. Para mí, escribir es dar rienda suelta a la imaginación, a la curiosidad y a la creatividad. Es ir contra la corriente. En una era donde la gente prefiere memes y videos cortos, escribir un post largo sobre un tema poco conocido puede parecer una mala idea. Pero el proceso es lo que realmente importa.

En cierto modo, Sage y yo seguimos las mismas reglas. Él hacía la música que quería escuchar, la que no encontraba a su alrededor. En 1981, lanzó Youth of America, su obra maestra. Un disco que partía del punk pero que se aventuraba en terrenos inexplorados del post-punk. Sus canciones eran directas y monótonas, como las de los Ramones o Wire, pero se alargaban hasta convertirse en trances hipnóticos que recordaban al krautrock de Can y Neu!. Youth of America no fue bien recibido en su momento. Los punks no querían canciones largas; preferían la inmediatez de bandas como Black Flag o Agnostic Front. Y Sage, fiel a su visión, se negaba a salir de gira. Prefería seguir grabando en el estudio.

Era un disco adelantado a su tiempo. El post-punk aún no tenía espacio en Estados Unidos y el grunge, su heredero natural, estaba a años de nacer en Seattle, a pocos kilómetros de Portland. Taking Too Long, la pieza que abre el disco, suena más a krautrock o a Wire que a punk tradicional. Sage aún no pisaba el acelerador; aquí exploraba más la atmósfera, el ánimo, acercándosea la sombría propuesta de unos Joy Division. Casi rozando el rock gótico. Su sonido era experimental y moderno, más cercano a lo que se hacía en el Reino Unido que a cualquier banda estadounidense. Un sonido que, años después, inspiraría a Sonic Youth.

Can This Be marca el momento en que Sage pisa a fondo. En su mezcla de riffs y emociones ya se pueden rastrear los cimientos del sonido que luego definirían bandas como Hüsker Dü y The Replacements. Pushing the Extreme es desafiante, disonante. Un híbrido de punk y rock gótico que en 1981 debió sonar alienígena. Sage parecía un científico loco creando música que nadie quería escuchar, pero que, en el futuro, muchos amarían. ¿Vendría del futuro? Quizás.

When It’s Over es simplemente extraordinaria. Es el tipo de canción que no solo sorprende, sino que sacude. Sage estaba creando música visceral, urgente, pero con una desesperación que en su época resultaba incomprensible. Sus guitarras sonaban fuera de lugar en el universo punk y, sin embargo, lograron una conexión con ciertos oyentes. Green River, The Melvins y Nirvana, bandas que emergieron media década después, encontraron en los Wipers una fuente de inspiración. Sin saberlo, Sage estaba sentando las bases del rock alternativo que dominaría los años 90.

El disco cierra con la brutal Youth of America. Sin compromisos. Sin frenos. Los ritmos de Brad Davison, Dave Koupal y Brad Naish son mecánicos, imposibles de detener. Parte del poder hipnótico de los Wipers. Y Sage, implacable. Su voz poderosa, sus guitarras furiosas, diseñadas para demoler. En apenas diez minutos, Youth of America encapsula el nacimiento del rock independiente en el norte de EE.UU. Diez minutos devastadores que ningún otro punk rocker de la época se habría atrevido a sostener.


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