Steven Wilson- The Raven That Refused To Sign (2013)

Steven Wilson- The Raven That Refused To Sign (2013)

La farsa de los Porcupine Tree nunca me hizo mucho sentido, o tal vez sería que Steven Wilson estaba instalado en plan post moderno y como muchos hacen ahora, crean un proyecto solista y le ponen un nombre (Oneothrix Point Never, Flying Lotus, Burial, por ejemplo) como si fuera un grupo, tal vez será porque en el contexto del mundo del rock progresivo no hace tanto sentido, o será que Wilson era muy plano al hablar de su proyecto y el sentido de mística estaba ausente por completo, sea cual sea la razón, PT nunca hizo mucho por mi la verdad, y de ninguna manera me extraña el aparente estatus de “desaparecido” o en suspensión de este “grupo”, pero la verdad me resulta más coherente la aparición ahora de un disco que edita Wilson bajo su propio nombre (y en el que curiosamente es acompañado de la banda que le respalda en vivo) y que resulta ser un autentico homenaje y viaje al mundo del rock progresivo de la mano de John Waters, ¡Ah no!, perdón por aflamingarme, de Roger Waters quise decir, y es que Wilson ha sabido pulir muy bien su estilo, complejas melodías que exhiben clásicas estructuras progresivas, con pasajes en plan más reflexivo que incursionan en los oscuros y dañadamente introspectivos territorios que Waters analizaba en sus temas de los 70s, y no quiero decir que Wilson sea un copy cat de la carrera del buen Roger, de hecho Wilson rockea en formas en las los Pink Floyd nunca rockeò (tal vez con excepción del clásico Animals), pero dado que Waters está en estos momentos más ocupado organizando festivales, su espíritu musical es bien tomado por Wilson y es llevado de maravilla al presente de una manera bastante original, añadiendo mucho músculo a sus piezas enriqueciéndolas con una amplia gama de instrumentos, complejos pasajes y obvia destreza instrumental al por mayor.

 Luminol tiene un carismático inicio con un admirable dinamismo entre bajo y batería seguido por un alucinante trabajo de guitarras y teclados, Wilson nos transporta de inmediato al cielo progresivo con un tema que por momentos nos podría remitir a los mecánicos y futuristas Rush, si, a esa bien aceitada maquina canadiense, y después con una flauta nos desvía hacia los momentos más ambient de los Can, pero sin duda la nota de originalidad la dan los coros, que después de un épico pasaje instrumental nos lleva directos a un fascinante pasaje vocal con una poderosa influencia de Pink Floyd, específicamente dónde la presencia de Waters es más fuerte, Wilson denota un conocimiento enciclopédico de la historia del rock progresivo, y no muestra culpa en mostrar y exhibir cada uno de los pilares característicos de este sonido, siendo que “progresivo” ha sido siempre una palabra que hace que mi estomago se retuerza, el descaro para exaltar cliché tras cliché del genero de manera conciente lo hace una delicia, y lo salva del acartonamiento y la esterilidad, transformándolo en algo fresco y vivaz, tanto que en realidad impacta y maravilla, y después el final con teclados a la ELP, ¿Así o más “aprogresado” de la cabeza?, aunque la verdad muy al final, este contiene típica masturbación de guitarra (bien ejecutada, eso que ni que) que no hace mucho por mi, aunque el solo de sax que le sigue, salva un poco.

Drive Home me recuerda esa época cuando los Radiohead editaron Ok Computer y muchos les tacharon de ser los nuevos Pink Floyd, en el caso de Wilson, no se puede ser más Pink Floyd que lo que hace Wilson, sorprendentemente librándose con puro talento de convertirse en un mero clon, y demostrando que la pereza de los Radiohead nada tenía que ver con la naturaleza contemplativa de Waters y su gente (Roger y los Floyd, no John y sus Dreamlanders), The Holy Drinker inicia con una mezcla de los teclados de ELP y la sección rítmica y guitarras punzo cortantes de los geniales Magma, en un jam “celestial” de ensueño que sólo Wilson nos pudo ayudar a entender que es posible, los remates son contundentes y precisos, heredados del gran Christian Vander (aunque sin la pesada carga del jazz), el bajo es brutal en ocasiones acercándose al trabajo del gran Jannick Top, en medio de toda esa maraña de influencias Wilson hace lo suyo y dota a la pieza de su propia esencia musical, llevando al tema a la estratosfera con esa mezcla de coros y teclados.

The Pin Drops es sin duda un nuevo paseo por el lado oscuro de la luna, con un Wilson nuevamente apoyándose fuertemente en su ídolo, y dándose enormes zambullidas en el mundo de la psicodelia de los 60s, en un experimento muy similar al que nos trajeron los Ulver el año pasado, para después deleitarnos con un lado profundamente acústico en The Watchmaker, cuyos pasajes de guitarra acústica hacen eco precisamente en la delicada precisión de los relojes.

The Raven That Refused To Sign es un estupendo disco a cargo de un maestro del genero, aplicado de manera brillante al contexto actual, Wilson sabe, no el como escapar a los clichés, sino el como abusar de ellos para crear algo nuevo, sabe mantener el ritmo y escapar a la aburrición que a veces conlleva el más excesivo prog rock, trayéndonos una muy atractiva y experimental mezcla de rock progresivo, pop y psicodelia que no tiene rival.

Comments

  1. La verdad?
    A diferencia tuya prefería lo que hacía Porcupine Tree. Tras la salida de "Grace for drowning" (2011) y ahora con este disco es cuando más he retomado los últimos discos de PT. En particular el "Deadwing" y el "Incident".

    Lo de Wilson es absoluta masturbación a estas alturas, lo cual no me parece negativo pero en lo personal toda esta onda progresiva que rinde constantemente culto a sus mentores no me motiva demasiado. Extraño el rock y las guitarras de Porcupine Tree, los coros, la búsqueda no tan mecánica/maquinal de componer.

    Este nuevo trabajo de Wilson me parece inteligente y muy bien armadito pero no me ha tocado el corazón en ningún momento.

    Saludos!
    Esteban
    http://politomusica.blogspot.com

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  2. Jaja, si coincido en lo de la masturbaciòn, aunque Wilson sabe hacerlo y explotarlo a su manera, caen en todos los cliches habidos y por haber, pero lo hace concientemente y lo aprovecha a su favor!

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