Lou Reed, Live! Take No Prisoners, 1978, Una Reseña
Lou Reed,
Live! Take No Prisoners, 1978, Una Reseña
Por: Erreh Svaia
ROCK N ROLL ANIMAL
Lou Reed como artista nunca fue perfecto, dudo que lo haya
querido ser, lo suyo era arriesgarse al máximo, incomodar a su audiencia, hacer
lo que nadie había hecho antes, cometer errores, reunir experiencias y
prepararse para la siguiente maniobra temeraria, Live! Take No Prisoners del
año 1978, pudiera ser, a pesar de no ser un disco perfecto, la mejor
representación de la mente artística y su naturaleza provocativa de Reed, con
un grupo de apoyo, perfectamente acoplado a sus deseos, sin grandes individualidades,
pero poderosos en conjunto, con algunos de los mejores temas de Reed, en
versiones totalmente adaptadas al momento, sin la majestuosidad del legendario Rock
N Roll Animal, o el virtuosismo del Live In Italy, aquí Lou Reed se permite
capturar en directo, uno de los mejores puntos de su carrera, frente a un grupo
selecto de seguidores en The Bottom Line, en la ciudad de New York, luego de
editar el poderoso Street Hassle, otro disco imperfecto, uno de los mejores
discos hasta el momento de la carrera de Reed, y que a pesar de abonar nada a
su popularidad, a nivel cultural continuaba el proceso de encumbrarlo como una
de las figuras más influentes de finales de los 70s, reivindicado por la escena
punk, y cada vez más reverenciado por el periodo experimental que transitaría
rumbo al inicio de los 80s.
La duración de los temas del disco, 10 apenas para un disco
doble, en versiones que muestran el nivel de seguridad de Reed y su grupo que
sentían en ese momento, confiados y protegidos por los fans fieles al artista neoyorkino,
con un Reed relajado en su relación con la audiencia y mordaz en sus comentarios
hacia los críticos de rock, artistas contemporáneos y sucesos del momento,
muchos dirían que Live! Take No Prisioners es un disco “de comedia”, debido a
los considerables “monólogos” que ejecuta Reed en varios momentos durante el
transcurso de las canciones, pero dichos alegatos solamente suman la abrasiva
naturaleza del artista y el nivel de confianza en sí mismo que Reed mostraría
en ese momento, que a la vez, explotaría al máximo la capacidad del artista y
su banda, que suenan totalmente en control de su visión musical, presentando
algunas de las mejores versiones que se han hecho de éstos temas, un Sweet Jane
que suena sólido como nunca antes, engrandecidos por un Marty Fogel en el
saxofón, que permiten a Reed transitar territorios cercanos al jazz, algo que
en realidad disfrutaba Lou, con una sección rítmica de antología, formada por
Michael Suchorsky y Ellard Boles en la batería y el bajo respectivamente, con
un final demoledor en serio.
Recién estrenado en Street Hassle, Reed se da la oportunidad
de ejecutar controversiales como I Wanna Be Black, una de las razones por las
cuales sus discos jamás serían objetos de adoración por parte del “mainstream”,
aquí Reed se muestra como el provocador por excelencia, pero también se da la oportunidad
de ejecutar la guitarra a su propio gusto, transitando por géneros, negándose a
limitarse o la fácil clasificación, y con un grupo que facilita buscar ese
nivel de libertad, que parecería ser la principal característica de Reed en ese
preciso instante, presentando un Satellite of Love robusto, rítmico y
emotivamente más pronunciado en su clímax, con un Reed poseído de alguna forma
por el espíritu del R&B, entrado de lleno después en la legendaria Pale
Blue Eyes, una de las mejores canciones compuestas por Reed y aquí
materializada de una forma sublime, con un Reed guardando un poco de veneno,
humanizando su interpretación al máximo.
Lo imposible incluso ocurre en LTNP, con una versión asombrosa
del impenetrable y sombrío Berlin, que crece gracias a los estremecedores coros
de Angel Howell y Chrissy Faith, que arropan increíblemente a Reed, a un grado inimaginable,
tanto que el mismo Reed se permite un nivel de vulnerabilidad aquí, que resulta
enternecedor al máximo, más allá de la versión original, considerando que
Berlin fue un disco tan oscuro y deprimente, que en su época fue devuelto a las
tiendas de discos, por muchos compradores abrumados ante tal nivel de
decadencia, seguido aquí por la potencia que la banda imprime sobre la delicada
naturaleza del Coney Island Baby, pieza central de uno de los disco más memorables
de Reed durante los 70s, y que recopilaría parte de la historia sobre el
rompimiento de Reed, resumido aquí en una avasalladora catarsis por parte de
Lou, posiblemente en su ejecución en vivo más extraordinaria.
Como todos los discos de su catálogo, LTNP es un disco difícil,
imperfecto, disparejo, con monólogos que podrían estar demás para el escucha
casual, pero que para el dedicado fan de Reed, resultan esenciales y obvios, y
que por si fuera poco, su existencia se vuelve parte precisamente de algunas de
las mejores versiones capturadas de sus temas, cargándolas y dotándolas de una
dosis de emoción rara vez vuelta a exponer por parte de Reed, si nos concentramos
solamente en lo musical LTNP es un disco asombroso con casi 100 minutos de la
mejor música hecha por Reed.



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