Suicide, 1977, Una Reseña
Suicide, 1977, Una Reseña
Por: Erreh Svaia
ROCK N ROLL ANIMAL
Un disco como ningún otro, uno de esos discos que llegan de
la nada, que se crean en el aire, bajo circunstancias imposibles de imaginar, y
terminan transformando toda la realidad alrededor. Los Suicide habían empezado
su carrera en 1970, como un grupo más o menos convencional con guitarra y
batería, al final, al paso de los años sólo quedaban el tecladista Martin Rev y
el vocalista Alan Vega, quienes se encargarían de reconfigurar el sonido de la
banda usando primitivas maquinas de ritmos y una variedad de efectos aplicados
a los teclados de Rev, el resultado sería que luego de 3 o 4 años de controversiales
presentaciones en la ciudad de Nueva York, los Suicide, de la mano del productor
Craig Leon (en conjunto con Marty Thau, productor también de los fabulosos New
York Dolls), están listos para grabar su disco debut.
1977 sería la fecha en que el disco de los Suicide vería la
luz del día, un disco repleto de sonidos proféticos, adelantado a su tiempo
como ningún otro, los Suicide sin duda habían nacido con la escena punk rock
neoyorkina, eran parte de ella y sonaban a proto punk, aunque definitivamente en
una frecuencia muy diferente, casi industrial, décadas antes de que esta
palabra se aplicara a la música. Ghost Rider tomaría inspiración del personaje
de los comics de Marvel para sus letras, para la música, la influencia sin duda
vendría del punk rock (de los Stooges, específicamente), con las descargas
brutales de los estridentes teclados de Rev, en las vocales, Vega sonaba como
un fantasma del rock n roll de los 70s, gracias a los efectos aplicados a su
voz por parte de Leon, veterano de sesiones de músicos dub como Lee “Scratch”
Perry y Bob Marley.
Escuchar temas como Rocket USA de inmediato trae a la mente
el sonido de bandas como los Throbbing Gristle, que harían suyo el sonido de
Rev y Vega para su sobresaliente carrera en el mundo de la música de
vanguardia, incluso es fácil encontrar similitudes entre la espectral voz de
Vega y los futuros experimentos escalofriantes del recientemente fallecido
Genesis P. Orridge, aunque Vega se mantiene casi imposible de imitar en su
totalidad, gracias a esa infusión impactante de influencias provenientes de
gente como Elvis Presley o Gene Vincent, que añaden un peculiar elemento característico
en el sonido inigualable de la banda.
Cheree, otro de los temas destacables del disco, y cabe
mencionar, la primer canción que escuché de los Suicide allá en los 80s,
muestra una cara aparentemente accesible de la banda, aunque los sonidos no dejan
de lado en algún momento la abrasión propia de la banda, permitiendo a la vez
mostrar un lado ambiguo, tierno pero peligroso, con un Vega jugando en una
incómoda barrera entre lo romántico y lo grotesco, realizado de una forma no
menos que espectacular, pasando después al impresionante rock n roll punk sintético
de Johnny, una autentica joya de música futurista que apuntaba de forma
asombrosa a los sonidos de décadas más adelante.
Seguramente, la más escalofriante experiencia sonora dentro
de éste disco de debut de la banda, es Frankie Teardrop, una suerte de historia
trágica sobre las desgracias de un obrero, la opresiva situación en que se
encuentra, su caída en la locura y un fatal desenlace para él y su familia,
aunque del tema, no solo es la letra lo que resulta estrujante, ya que la
música que el dúo consigue crear para acompañar la letra es algo en realidad fuera
de lo común, una surte de vista al futuro, conteniendo lo que muchos años se
llamaría “música industrial” y que gente como los ya mencionados TG simplemente
copiarían de forma descarada, así somos testigos de la forma en la que la
música de Rev construye un acompañamiento opresivo, de alta tensión, al tiempo
que Vega poco a poco va narrando el descenso al infierno mismo por parte del
protagonista del tema, para un desenlace en realidad difícil de escuchar que eriza
la piel de cualquiera y que resulta un ejercicio de extrema brutalidad y violencia
sonora como pocos se han escuchado.
Este disco de debut, sin duda constituye un ejercicio
apabullante de música imposible de digerir para la época, adelantado por años a
su época y que sería adorado y atesorado en países como el Reino Unido en dónde serviría de inspiración en medio de
estallido del post punk, como un medio para escapar de la opresión de las
guitarras eléctricas y la batería, creando toda una nueva escuela de música
electrónica que miles de banda imitarían con singular devoción, aquí los
Suicide, únicos en su especie en 1977, nos mostraban como sería el futuro, ante
el desmayo de muchos, que aún no estaban listos para él.



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