Kendrick Lamar- Good Kid, M.A.A.D. City (2012)

Kendrick Lamar- Good Kid, M.A.A.D. City (2012)

El fin del mundo esta cerca, las señales les fueron indicadas aquí hace tiempo, un par de mixtapes y la costa oeste, luego de años de ausencia en las grandes ligas (no así en el underground con Lil B y Tyler The Creator) esta de regreso, el héroe más reciente en emerger de una escena durmiente es Kendrick Lamar, de quine habíamos hablado en ocasiones anteriores y que significa la gran esperanza de la alguna vez legendaria costa oeste.

Nueva York es el epicentro del hip hop, pero alguna vez artistas como los legendarios N.W.A., Eazy E y el genial Dr. Dre pusieron a la costa este contra las cuerdas y alzaron su voz desde el otro extremo del vecino país del norte, y en un mundo dónde hubo alguna vez unos Avengers West Coast, el hip hop es algo que como se dice, “dónde fuego hubo, cenizas quedan”, bueno pues esas cenizas mantienen el fuego latente y Lamar es el encargado (con mucho apoyo de Dre) de regresar a poner su casa de moda.

Good Kid, M.A.A.D. City posee un poder único, es tan descarnado y punzante como alguna vez lo fueron los N.W.A, pero no me malinterpreten, Lamar no explota como granada y no arde hacia el exterior, su intensa lucha es hacia el interior, un área de nostalgia permea la música, su flow es lento, pero con suficientes ganchos para jalar la atención, su estilo es ágil y cadencioso, pero es en la inteligencia y poder de sus letras dónde Lamar destaca sin duda alguna, reflejando en esta especie de disco conceptual (aunque con un concepto muy abierto) en el que Lamar nos relata el transcurso de su vida en la legendaria costa este, el chico de familia en medio de la violencia, el niño que se iba a dormir escuchando balazos en la calle, mientras los N.W.A. gritaban la realidad.

Good Kid, M.A.A.D. City arrebata la esperanza de la misma manera en que Bruce Springsteen nos cantaba de ciudades fantasma y malos tiempos económicos, dónde la gente abandonaba sus pueblos y se iba a buscar fortuna en otros lados, de la misma manera Lamar toma la bandera de Compton, lugar difícil de su tierra y nos dice lo que pasaba en su vida, en su casa mientras las calles ardían.

Las oraciones que se rezaban en su casa durante su niñez sale de inmediato a la luz, cuando arranca este disco  Lamar invoca las voces de su pasado, ese mundo que se fue y que Lamar parece añorar y evocar con esta oscura introducción al disco, los ritmos fluyen gruesos e hinchados, el flow de Lamar es preciso, calculado y busca huecos en dónde acomodarse a la perfección con los complejos ritmos funkies de baja velocidad y mucho peso emocional en Sherane aka Master Splinters Daughter, el Dr. Dre baja de su nube hip hopper para apoyar al alumno en un tema con influencia soul, sendos coros “del alma”, duros bajos que sacuden el suelo y ganchos vocales en verdad efectivos y adictivos, con Kendrick brillando con su certera ejecución de las rimas en The Recipe, y después la genial Bitch, Dont Kill My Vibe, exacta al punto con un coro imposible de sacar de la mente, con un Lamar moviéndose como poco entre los ritmos y acomodando de manera creativa sus letras.

Black Boy Fly es un tema con un ritmo peculiar, bajos ultra profundos y un interesante ejercicio de percusiones, un tema oscuro, repleto de trágicas historias familiares, como esas acidas confesiones que nos hizo alguna vez Eminem, sólo que aquí nos estremecemos en lugar de reírnos con el señor Matters, la realidad aquí cala en lugar de causar risa.

Now Or Never con Mary J Blige es un tema con un sabor a soul de los 70s innegable y que seguramente ganara algunas programaciones en radio, mientras que The Art Of Peer Pressure trae algo de la legendaria magia musical que Dre solía esparcir sobre sus creaciones para los N.W.A., sin que Lamar requiera de la incendiarias declaraciones de Ice Cube o de Eazy E, bajos descomunales que retumban de manera feroz, el aspirante a estrella pop, Drake se asoma en Poetic Justice, aunque Lamar sigue siendo el foco de atención, Good Kid posee buenos bajos funk , Swimming Pools es un tema sombrío repleto de los tremendos relatos de violencia callejera, añoranza al bario y adolescencia en la familia, un disco que raya por momento el concepto, aunque no de manera lineal, pero que sin duda exhibe de generosa manera la capacidad de Lamar de crear historias coherentes y emotivas (no por nada a Lamar se le ocurrió la particular idea de subtitular el disco: “A short film by Kendrick Lamar”), respaldado de un empàtico acompañamiento rítmico, que hacen de este conjunto de temas algo de lo más ambicioso que se ha hecho en el mundo del hip hop en fechas recientes desde el ya clásico My Beautiful Dark Fantasy del buen Kanye West.

GBMC cierra con Lamar autonombrándose “rey” y siendo respaldado de manera brutal por el buen Dr. Dre, con una brillante producción y ritmos imposibles de evadir, Dre mismo recitando frases con singular destreza y furia, y como no Compton termina el disco de manera espectacular como un himno al añorado terruño, salvaje, violento y hostil (buenos chicos, ciudad loca), pero a fin de cuenta el hogar de estos creativos, arrojando fuertes promesas por parte de Lamar que finalmente ha llegado al lugar dónde apuntan los reflectores con una propuesta dura y personal, que triunfa sin duda alguna de manera artística, solo habrá que ver su permanencia en el moderno mundo del hip hop.   


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